Cuando al inspiración ataca suele hacerlo en momentos insólitos. Hoy, clase de lengua hablando de la visión del indio en la literatura de 18..(milochocientosypico).
"No se animaban a ver que eran iguales, hombres de pura sangre. Pero sus formalidades les impide aceptar que son sus lujos igual a sus catástrofes. Ellos con su "salvajismo" son mas sanos que los otros con su santidad corrupta. Finjen tras los diamantes de plata ser ajenos del "mundo salvaje", ser los reyes de la tierra, ser nobles y dignos de humanidad, mientras sus sables derraman sangre virgen y lágrimas eternas. Porque abren heridas sobre las cicatrices de esas vidas. Y como si de irrealidad se tratase, es su vida un juego de damas en que fichas de ajedrez se cuelan para moverse a su antojo por el tablero. Y con falsas normas dominan lo indomable de su sangre y desprecian con asco lo que constituye su esencia. No lo admiten: con falsas normas intentan corregir el tronco que burdamente crece hacia el cielo, atándolo a la sociedad, cortando sus ramas, dejándolo florecer, pero no lo suficiente; no sea cosa que con su luz enceguezca a los jóvenes tallos que buscan libertad...."
martes, mayo 31, 2005
lunes, mayo 30, 2005
palabras
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Quiero que mil palabras hermosas salgan de mi boca y viajen a la tuya, que formen océanos enteros de sinsentidos y ríos de locura, pequeñas cascadas de pasión y unas cuantas lagunas de paz.
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Quiero que mil palabras hermosas se unan en una sola, que sean todas ellas una a la vez pero nunca dejen de ser lo que en verdad son.
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Quiero que mil palabras hermosas cobren sentido al escribirlas en este teclado y unas tras otras fluyan sin un camino fijo a aquello que las hace maravillosas: tus ojos - si, los tuyos- que leen atentamente, convirtiendo mis callados pensamientos en vivos gritos que recorren tu mente y la cambian para siempre.
Quiero que tomen forma y dejen de ser códigos indescifrables para pasar a ser...
lo que vos quieras
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viernes, mayo 27, 2005
Anexo
Estas son frases que se pueden suplementar al texto de abajo pero lo muestran desde otro punto de vista
*Se acomodó en silencio el malestar entre los dos.
*Ella derrochaba lágrimas de azúcar, sólo para demostrar cuánto necesitaba de su cariño, como si con ese capricho solucionara todo su malestar.
*El miedo arrugaba su corazón y lo escondía mas atrás.
*Tenía un pequeño ángel entre sus manos, un hombre que se escondía de las lágrimas, ahora se acurrucaba en ella.
*Se acomodó en silencio el malestar entre los dos.
*Ella derrochaba lágrimas de azúcar, sólo para demostrar cuánto necesitaba de su cariño, como si con ese capricho solucionara todo su malestar.
*El miedo arrugaba su corazón y lo escondía mas atrás.
*Tenía un pequeño ángel entre sus manos, un hombre que se escondía de las lágrimas, ahora se acurrucaba en ella.
little angel between my hands-great man between my tears
...(2)
Pero el hombre que no lloraba, supo luego que no había forma de ocultar su sensibilidad. Y cuando estuvo entre sus brazos, víctima del remordimiento de sus vamos caprichos, reconoció que ya no podía parar esa marea oscura de sensaciones que le anudaba la garganta. Se apretó contre su pecho, pidiendo que lo abrace, que lo proteja del sentimiento horrible que lo invadía. Y sus lágrimas cayeron esta vez no sobre el duro suelo, sino sobre la blusa que cubría ese bello cuerpo. Sus corazones se abollaron como un papel y se escondieron muy adentro, mientras él lloraba en silencio, recibiendo las caricias que necesitaba, arrugando la blusa en la espalda cuando el dolor lo pinchaba por dentro. La voz serena que escuchaba en su oído ocultaba - sin él saberlo- ese miedo intenso que precede a la ignorancia, a lo desconocido, al no saber qué hacer.
El hombre esta vez no encontró otro escondite que su cuello, y lo tuvo que empapar de lágrimas con toda su impotencia. Y tuvo que hacer silencio para que nadie mas escuchara su pena, para que nadie descubra húmedos sus ojos. Porque aunque ella ya develó esa debilidad - y no está bien que así la llame -, él aún cree que los hombres no lloran.
El hombre esta vez no encontró otro escondite que su cuello, y lo tuvo que empapar de lágrimas con toda su impotencia. Y tuvo que hacer silencio para que nadie mas escuchara su pena, para que nadie descubra húmedos sus ojos. Porque aunque ella ya develó esa debilidad - y no está bien que así la llame -, él aún cree que los hombres no lloran.
26/5/05
viernes, mayo 20, 2005
...
El hombre, en su enormidad, se sintió débil y no supo bien porqué. Sus piernas se aflojaron y doblaron; su espalda se curvó. La frente contra el piso frío y húmedo, igual que aquella sensación que lo dominaba. ¿De dónde vendría esa ola de pena que lo ahogaba? ¿Por qué el hombre no entendía sensaciones? La respiración, entrecortada, se condensaba en el suelo; la humedad empapando el rostro. Y al pena se convirtió en angustia, una angustia apremiante; ya no había otro sentimiento. ¿Y por qué la angustia saca el aire? ¿Por qué la angustia lo hace gritar? Respira, exhala, suspira, exclama, aúlla, grita de dolor. No, no, no. Y sin saber porqué cerró los ojos furiosamente, apretó sus párpados para no ver nunca más. Brotó agua de esos pliegues. Brotó un agua pura y escasa. Pequeñas gotas invisibles que llenaron ríos en sus mejillas. Pequeñas gotas invisibles que lo abrumaban. ¿Qué era eso que mojaba su rostro y el suelo? Corrían escurridizas las pequeñas con tal de humedecer todo el cuerpo, con tal de no caer nunca al duro suelo. Un suspiro, más conocido como sollozo, cortó el aire silecioso. El nudo en la garganta empezó a aflojar, la angustia lentamente a callar. ¿Por qué la enormidad del hombre es burlada tan poderosamente por la pena, atentando contra su orgullo, admitiendo debilidad? ¿ Y por qué el hombre no comprende que es esta pena tan sentida la más bella demostración de humanidad, aquella que lo purifica, ennoblece, dignifica? ¿ Es tan humillante apreciar que el llanto no te hace débil, sino que fortalece al espíritu libre?
El hombre golpeó el suelo con las palmas abiertas y se levantó rápidamente. Salió caminando de allí como si nunca hubiera pasado nada, como si llorar avergonzara, como si llorar fuera pecado. Y sin decir nada se fue caminando, muy tranquilo. La paz estaba ya dentro consolando la angustia. La magia del hombre vivo quédó oculta y destrozada por el olvido en las gotitas que aún no secan sobre el suelo.
El hombre golpeó el suelo con las palmas abiertas y se levantó rápidamente. Salió caminando de allí como si nunca hubiera pasado nada, como si llorar avergonzara, como si llorar fuera pecado. Y sin decir nada se fue caminando, muy tranquilo. La paz estaba ya dentro consolando la angustia. La magia del hombre vivo quédó oculta y destrozada por el olvido en las gotitas que aún no secan sobre el suelo.
19/5/05
lunes, mayo 16, 2005
a veces se me olvida.quique gonzález
Alerta, como un soldado en una garita
desnudo, como un chiquillo recién nacido
crispado, como las manos de un trapecista
planchado como los trajes de los domingos.
Me defiendo como gato panza arriba
sin llegar a distinguir a mi enemigo,
y me enredo con los hilos de tu vida
y me enfrento a un inventario de castillos.
Y a veces se me olvida que solo soy espectador
a veces las canciones se convierten en ceniza
y el corazón hundido en un bolsillo de mi pantalón
y la ciudad palpita con horario de oficina.
Camino con los cordones desabrochados
enfilo algún bar abierto al doblar la esquina
presiento la luz dorada de un escenario
pero las cosas del alma no se adivinan.
Me despiertan las noticias en la radio
y me abruma la locura de los días
y me aprendo de memoria el calendario
las maneras de vivir son solo mías.
Y a veces se me olvida…
desnudo, como un chiquillo recién nacido
crispado, como las manos de un trapecista
planchado como los trajes de los domingos.
Me defiendo como gato panza arriba
sin llegar a distinguir a mi enemigo,
y me enredo con los hilos de tu vida
y me enfrento a un inventario de castillos.
Y a veces se me olvida que solo soy espectador
a veces las canciones se convierten en ceniza
y el corazón hundido en un bolsillo de mi pantalón
y la ciudad palpita con horario de oficina.
Camino con los cordones desabrochados
enfilo algún bar abierto al doblar la esquina
presiento la luz dorada de un escenario
pero las cosas del alma no se adivinan.
Me despiertan las noticias en la radio
y me abruma la locura de los días
y me aprendo de memoria el calendario
las maneras de vivir son solo mías.
Y a veces se me olvida…
martes, mayo 10, 2005
RAYUELA
al fin! al fin en mis manos!
Me costó... un poquito nomas... jeje
pero como me dijo una chica de la cola cuando expresé mi inseguridad acerca del precio: "no es un gasto! Es una inversión!" Y la muy turra me termino de convencer :) I'm happy
Lo que si.. voy a tener que andar de acá para alla con el diccionario de frances o enloqueceré!
pero saben que?
NO ME IMPORTA!!!!
me pone muy, MUY contenta tener este librazo entre mis manos.... todito mio.... :)
saludos a todos!!!
chauuuu
p.d.: pronto andaré poniendo extractos ^____^
Me costó... un poquito nomas... jeje
pero como me dijo una chica de la cola cuando expresé mi inseguridad acerca del precio: "no es un gasto! Es una inversión!" Y la muy turra me termino de convencer :) I'm happy
Lo que si.. voy a tener que andar de acá para alla con el diccionario de frances o enloqueceré!
pero saben que?
NO ME IMPORTA!!!!
me pone muy, MUY contenta tener este librazo entre mis manos.... todito mio.... :)
saludos a todos!!!
chauuuu
p.d.: pronto andaré poniendo extractos ^____^
miércoles, mayo 04, 2005
Esperanzas
"Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan"
Cortázar
No vienen. No llegan porque uno las llame. Uno puede desgarrarse la garganta gritándoles para que vengan, se acerquen y nos llenen de su mágica luz, pero ellas no lo van a hacer. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Entonces uno debe buscarlas, entre cada pequeño, diminuto rincón, en cada milésima de segundo. Quién sabe cuándo pueden cruzarsenos entre el tumulto de gente, y nosotros desviamos la mirada por miedo a que nos fulmine su resplandor. Pero yo no la miré y pasó, siguió de largo, y así lo harán los siguientes hasta que algún aventurero la mire, desde su pequeño rincón sucio, desde su prolijo mirador de vidrio, desde sus pequeñas manos juguetonas. Quién sabe donde están, se mueven constantemente entre la gente, rígidas como montañas; porque uno las busca y persigue, y de repente, cruce de miradas y las tiene, pero no llegan de lejos, corriendo hacia uno, como regalo del cielo para ser un simple giro de suerte. Tienen su precio y su costo, deben buscarse y perseguirse, quizás por siglos enteros, ser transmitidas de uno a otro, de mirada en mirada, de mano en mano, de una baldosa a otra.
Buscarlas donde sea, en la calle, en las nubes, en el polvo o en un charco, inmóviles, esperando que llegues están. Te esperan, te llaman para que las vayas a buscar. Ellas sueñan tu llegada triunfante, que las salvará de su inmovilidad por un tiempo, buscan que las rescates de allí, las levantes en tus brazos y las hagas protagonistas de tu éxito. Añoran, con esperanza, que algún día serán renovadas y fuertes, y se moverán entre la gente de aquí para allá, repartiendo sus virtudes, en agradecimiento a la gente que supo en ellas confiar.
Cortázar
No vienen. No llegan porque uno las llame. Uno puede desgarrarse la garganta gritándoles para que vengan, se acerquen y nos llenen de su mágica luz, pero ellas no lo van a hacer. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Entonces uno debe buscarlas, entre cada pequeño, diminuto rincón, en cada milésima de segundo. Quién sabe cuándo pueden cruzarsenos entre el tumulto de gente, y nosotros desviamos la mirada por miedo a que nos fulmine su resplandor. Pero yo no la miré y pasó, siguió de largo, y así lo harán los siguientes hasta que algún aventurero la mire, desde su pequeño rincón sucio, desde su prolijo mirador de vidrio, desde sus pequeñas manos juguetonas. Quién sabe donde están, se mueven constantemente entre la gente, rígidas como montañas; porque uno las busca y persigue, y de repente, cruce de miradas y las tiene, pero no llegan de lejos, corriendo hacia uno, como regalo del cielo para ser un simple giro de suerte. Tienen su precio y su costo, deben buscarse y perseguirse, quizás por siglos enteros, ser transmitidas de uno a otro, de mirada en mirada, de mano en mano, de una baldosa a otra.
Buscarlas donde sea, en la calle, en las nubes, en el polvo o en un charco, inmóviles, esperando que llegues están. Te esperan, te llaman para que las vayas a buscar. Ellas sueñan tu llegada triunfante, que las salvará de su inmovilidad por un tiempo, buscan que las rescates de allí, las levantes en tus brazos y las hagas protagonistas de tu éxito. Añoran, con esperanza, que algún día serán renovadas y fuertes, y se moverán entre la gente de aquí para allá, repartiendo sus virtudes, en agradecimiento a la gente que supo en ellas confiar.
domingo, mayo 01, 2005
Instrucciones para dar cuerda al reloj
"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obesisón de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anucio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te acaiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. "
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obesisón de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anucio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te acaiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. "
Julio Cortázar
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