jueves, junio 22, 2006

Desencuentro

¿Cómo podré afirmar que viniste a mi estación si yo no te ví?
Y moriremos esperando en estaciones distintas

creyendo que es la misma;
y moriremos de tristeza por el desencuentro que jamás nos encuentra prevenidos


Y nos quedaremos, tristes, secos y solos
padeciendo porque no cumplimos las promesas, porque
no llegamos al cielo ni al infierno, porque
nos quedamos en el medio de nuestra relación inerme.


En el medio, solos y perdidos
en la niebla no me encontrarás
en la niebla no te encontraré.
Abandono la estación y vuelvo a casa.


en la claridad de la mañana podré verte a los
ojos y verte de
lleno.

sábado, junio 17, 2006

Jarabe de Palo - Duerme conmigo

Busco un lugar en esta ciudad,
donde esconderme de la corriente que me lleva.
Río de lava que todo lo arrasa,
floto en el tedio, oscuro viaje hacia el infierno.
Busco ese lugar.
Dime la verdad, poco me queda;
querría perderme, huir para siempre, echar a volar.
Lluvia de otoño que tarde llega,
haz que en la arena que me rodea crezca la hierba.
Dime la verdad.
Y descubrir que algo se mueve junto a mí;
y decidir sobre la marcha adonde ir;
y despertar, abrir los ojos y encontrar, que nada sigue igual.
Busco un refugio en el camino,
donde a solas pasen las horas y tenga sentido.
Ven a mi cama, duerme conmigo,
entra en mis sueños porque hace tiempo que me he perdido.

Ven a mi cama; duerme conmigo.

viernes, junio 09, 2006


angustias de escritor sin escritos

ando deseando que las palabras vuelvan a mí.

viernes, junio 02, 2006

es Viernes en la Ciudad más Extraña del Mundo

Me interno en esa ciudad monstruosa, llena de entes que no son nadie por ser tantos, multitudes que me tragan, me pasan, me atraviesan, me esquivan, y yo estática, sin la posibilidad de imaginar en qué momento abandonarán sus máscaras uniformadas para abrirle paso a su espíritu mágico, en qué momento saldrán a jugar y sonreír.
Son tantos que ya no son personas ni rostros, ni amigos, ni enemigos, sólo desconocidos con ojos como relojes y bocas como maletines.

Recorro esta ciudad endemoniada

con sus rascacielos arañando el techo, tan cerca de las nubes, tan lejos de los sueños. Ciudad que arrastra en su vaivén mecánico, en su cronómetro de corridas, en un impulso inútil hacia todos lados. Miro al cielo, buscando algo de paz, y es un cielo tan duro y amarillo cegador. No encuentro el azul que refleje mis ojos.
Intento escuchar algún latido (algún tutum tutum de corazones)
y sólo entiendo alarmas bocinas relojes trenes subtes aviones ruedaschocandoelcemento metales rompiendo el aire haciéndolo viento.

Cego mis ojos a tanta soledad encarnizada, los miles de cuerpos animados que se mueven a compás cronometrado me aterran y no puedo distraerme de ellos. ¿Yo que soy?
Un fragmento de vida, un pedazo de mundo, un cuerpito más entre millones que no se encuentra a sí mismo. Espejos refractarios; yo veo una masa, esa masa de ojosde bocasde brazosde hombrosde pies. Veo esa masa y me siento tan sola.

Esa ciudad desconocida se me abrió de forma espeluznante, quitándose todos los velos, mostrándome con crudeza sus calles pobladas de miradas tristes, todos sus edificios rebosantes de lujo, sus miserables avenidas, sus caminitos impregnados de historia, haciéndome sentir lo amargo de su nombre, la delicadeza de sus aires.

Yo sigo desconociéndola.
Yo sigo parada mirando el techo de esta horrible estación para no sentir tanto temor. Ya no sé si ver caras conocidas me hará felíz o me hará sentir aún más sola y desdichada.