"A medida que aceleramos mis recuerdos me estremecen
y en un soplo veo proyectado como un film toda mi vida
Ya no se si el cielo esta arriba, abajo o dentro de mi
y aunque el paisaje sea tan extraño creo haber estado aqui."
Suéter - Amanece en la ruta

Guardo muchas imágenes en mis ojos.
Son como paisajes fugaces perdidos en mis recuerdos. Ellos, todos ellos, están teñidos de colores que desconozco, colores que son más bien sentimientos, identificaciones. El viaje esta lleno de colores e identificaciones. El viaje esta plagado de recorridos, pero todos ellos son uno solo, así como todos los colores pueden hallarse en una línea tan fina como lo es el arcoiris. Y en mí los recorridos se abren, se multiplican. Hay caminos de tierra o de hormigón y hay caminos internos de sustancias que no tienen palabras, caminos de instancias y colores, de sentimientos y pensamientos. ¿Qué hago yo si no es recorrer estos caminos? Gasto mis zapatillas, las hago ir y venir por todos estos senderos hasta que sus cordones exploten, hasta que los pies – o más bien la mente que transportan- se queja y pide por favor una pausa. Son tantos los caminos, las encrucijadas. No se conoce el destino, no se conoce lo recorrido, porque es todo tan subjetivo. Entonces prefiero no hablar de caminos, prefiero hablar de mareas. La gran marea interna.
(¿dónde voy? ¿dónde estoy?
¿quién soy yo? ¿qué hora es? ¿dónde estaré?)

Que es la edad, lo sé, repetidas veces lo han dicho. ¿Pero es que acaso a alguna edad se calman los planteos y se desvanecen los caminos? ¿En algún momento el camino se hace único y nosotros nos resignamos alegremente a éste? No. Ante esto prefiero ser siempre un constante dilema de yoes, un constante viaje. Antes que eso prefiero huir al destino.
Todo sin embargo, incluso la huida, es un regreso. “Se dice de mí que nunca vuelvo y siempre me estoy yendo a ningún lugar” dice A.C últimamente. Pero él mismo lo sabe, “porque siempre hay un regreso”. Con la esperanza de que “algún lugar encontrare” es que recorro todos los caminos que encuentro a mi paso, es que me enredo entre los árboles del bosque, es que me siento sola en las hamacas de una plaza, es que recorro la ciudad como una perfecta desconocida, como un alma inundada de seguridad.

Pero al final, es todo esperanza. No creo en los finales. Ni en los felices, ni en los tristes. Porque todo final es un comienzo. Porque toda huida es un regreso. Será que la vida es un círculo. Y todo regreso implica un nuevo camino. No se vuelve igual a como se fue: se aprenden cosas, se descubren otras.
Hace mucho tiempo empecé un viaje.
Hace exactamente dos años.
Hace 1 mes y medio empecé otro muy distinto, pero ambos son recorridos con placer.
Hay uno que hoy termina, que hoy regresa a la ciudad. Ya la ve allá a lo lejos: una gigantesca multitud de edificios. Una nube negra los asfixia y nos alarma; el piso esta vibrando con todo el ruido que allí se produce, con todos los pasos que allí caminan. Se acerca la ciudad, se aparece en nuestro horizonte diciéndonos tantas cosas… Pero este viaje no termina, porque el regreso implica un nuevo viaje, implica recordar el viaje físico, implica reproducirlo mentalmente, implica cambiarle los finales y los momentos para que encajen más con uno. Y uno ya es nuevo y distinto y es feliz por lo que hizo, al menos por haberlo hecho, es feliz de lo que recorrió a pesar de sentir nostalgia por tantos momentos. Uno es feliz de haber viajado, y en casa nos esperan tantos viajes más.

El otro viaje es uno cuyo final desconozco, cuyo final creo imposible. Mas bien, quiero decir, la causa que lo inicia es infinita, es la causa de mi vida misma y por eso no le veo un final. Cuando empecé este camino, apenas si comprendía qué era lo que estaba empezando. Luego, mucho más tarde, lo sabría. Empezaría una nueva etapa de mí, una nueva parte de mí que primero escondería con recelo y que luego abriría al mundo. Porque esta soy yo verdaderamente, y porque es ésta quien yo quiero ser. Y este camino, como todos los que nos trae la vida, fue trayéndome miles de nuevas experiencias e ideas, me trajo a nuevos amigos, nuevos
compañeros de viaje, muchos de los cuales siguieron conmigo, muchos nuevos vinieron a acompañarme, muchos otros prefirieron el regreso.
Hace dos años empecé este blog, desconociendo qué nuevos universos podría alcanzarme. Hoy no puedo creer que haya pasado ya tanto tiempo, y que a la vez sea tan poco. La amistad que formé con muchas personas aquí parece que fuera de toda la vida, el cariño puede traspasar incluso cualquier tiempo y distancia. Escribir tanto, leer tanto, conversar tanto en estos caminos me enseñó muchísimas cosas, cosas que no se pueden contabilizar.
Este camino es uno de esos que decía al principio, es un camino plagado de colores y sensaciones y pensamientos. Es un camino que se recorre desde la imaginación de saber y creer que en cada blog se esconde una persona para ser descubierta. Y es un camino que se cruza con miles de caminos.
Hoy estoy feliz de haber encontrado un blog por casualidad en aquel diciembre frío. Hoy estoy feliz por haberme animado a escribir para otros, estoy feliz por haber conocido otras voces y haber dejado que se conociera la mía.
Por ser este día el cumpleaños del blog es que les dejo un regalito plus a lo que tenía planeado: las canciones que más me han gustado de Andrés Calamaro. Y lo elijo a él porque justamente hoy voy a ir a verlo tocar en el Estadio Obras junto a Ariel Rot.
• Algún lugar encontraré, precisamente porque busco un lugar, mi lugar, constantemente en todas partes, busco hacer mío cada lugar, algún lugar encontraré.
• Paloma, porque es un tema que siempre me pareció hermoso, mas allá de que me identifique o no, es uno de los mejores de Andrés. Y porque me gustaría poder volar con o sin paracaídas.
• Crímenes Perfectos, porque fue la primer canción de amor con la que me identifiqué y con la que lloré mis primeras lágrimas de enamorada, hace casi nueve años (sí, era toda una pequeña).
• Media Verónica, por la gran identificación que tuve en un tiempo con este tema, identificación que sigo llevando; la verónica mitad que esta cansada de esperar, que dice siempre la verdad, la que tiene muy poca maldad y que escribe: La vida es una cárcel con las puertas abiertas.
• La libertad, porque es la hermana mas hermosa, porque la buscamos constantemente, porque es ella causa de muchos desvelos y sueños.
El retorno y el comienzo de un nuevo año en el blog son razón suficiente para empacharnos de Andrés.
Besos a todos y GRACIAS por acompañarme en este viaje.
=)