domingo, diciembre 31, 2006

Año Nuevo

Tachar los años en el calendario no es algo que me guste demasiado. Sentir el paso del tiempo es un saco pesado con el que hay que cargar. Y quizás sea demasiado pronto para decir que los años me pesan. Y creo que realmente es demasiado pronto. Pero no puedo evitar ver hacia atrás con ganas de haber hecho una vida distinta a la que hice, o aún más atrás, al momento en que ni siquiera me daba cuenta de que iba dibujando mi vida y me preocupaba nada más por que todos los lápices de color estén en orden dentro de su bellísima caja, o por que el sol saliera cada mañana desde la misma ventana. Allí es cuando empiezo a cargar con el paso de los años.

Sin embargo, hay días en que logro mirar de otra forma el tiempo, como si me parara en un escalón distinto o le diera vueltas por un rato. Y veo que cuanto más tiempo llevo en el camino tengo más posibilidades de abrir puertas, de andar en caminos diversos, de llenarme de colores aún más variados que los que había en mi caja de lápices. Y ahí el tiempo no me pesa, cuando veo todas esas puertas el tiempo -aunque latente- parece desaparecer, y cada año se convierte en un nuevo desafío de días por llenar. Entonces, es en estas últimas horas que quedan del 2006 que abro los brazos y recibo al 2007 listo para ser estrenado.

¡¡Mis mejores deseos de colores para ustedes en este nuevo año!!

Con cariño.
Aye

miércoles, diciembre 27, 2006

La del vestido rojo


Ella se pierde en las calles que desconoce. Se pierde porque las conoce y desea confundirlas y mezclarlas con tal que parezcan otras calles, de otra ciudad, de otro planeta.
Ella anda con su vestido rojo y blanco, viste moda y verano, pero viste también el espíritu liberado de quien no tiene apariencia sino expresión.

Se detiene bajo una gotera de esas que caen desde las terrazas y los toldos, que empapan a la gente que se queja. Ella se detiene bajo la gotita que siempre molesta y ofrece sus manos. Recibe en ellas una, dos, tres gotas y éstas empiezan a llenarse. Frota sus manos, una con otra, limpiándose el polvo que le deja esta ciudad renegrida y luego las sacude con fuerza. Un hombre que pasa la mira con espanto y ella sólo se sonríe, la gente no entiende tantas cosas...
Y luego se va haciendo ruido con sus sandalias al caminar sobre las baldosas
amarillentas y renegridas.

jueves, diciembre 21, 2006

Los autonautas de la cosmopista

“Cuando se miran dos objetos separados,
se empieza a observar el espacio entre los dos objetos,
y se concentra la atención en ese espacio, entonces,
en ese vacío entre los dos objetos,
en un momento dado se percibe la realidad”
(cita de un filosofo indio)

“Esta autopista paralela que buscamos solo existe acaso en la imaginación de quienes sueñan con ella; pero si existe (…), no solo comporta un espacio físico diferente sino también otro tiempo. Cosmonautas de la autopista, a la manera de los viajeros interplanetarios que observan de lejos el rápido envejecimiento de aquellos que siguen sometidos a las leyes del tiempo terrestre, ¿que vamos a descubrir al entrar en un ritmo de camellos después de tantos viajes en avión, metro, tren? (…)
Autonautas de la cosmopista, dice Julio.
El otro camino, que sin embargo es el mismo.”


El Lobo y la Osita jugaron a un viaje París-Marsella, justificándolo como una investigación; pero el viaje fue algo más, fue su Graal en la tierra, fue la atemporalidad en 33 días, fue descubrir una nueva tierra –Parkinglandia, tierra de libertad-, fue recorrer esa autopista paralela -la cosmopista, esa realidad entre dos puntos-, fue una espiral como las vidas de ellos que se entrelazaban cada mañana en las luces del amanecer, en el corazón del dragón Fafner.
Y no les creían cuando decían la verdad, y no les creían que llegarían, y siempre habría una razón más que la que decían. Pero estos dos cronopios no entienden de complejidades. Ellos se lanzaron a la aventura de descubrir una autopista paralela y terminaron descubriendo algo más que una simple autopista que no avanza, descubrieron la vida y la magia de cada ciudad ambulante, los misterios de cada paradero, la forma de vivirlos intensamente sin el ajetreo de la ciudad que te impulsa a tragar los kilómetros obligatoriamente, con el apuro de llegar a algún lugar determinado.
Lo importante para ellos ya no era el fin, sino el hecho mismo de viajar, de estar constantemente pasando de un paradero a otro esquivando la idea misma de la autopista real: la velocidad, el vértigo, la rutina del camino recto.

¿El final (Marsella) realmente existe? ¿O es la velocidad lo que te transporta a otro plano en otro tiempo y otra realidad? Ellos quieren que nos preguntemos estas cosas, si existe de verdad un fin del camino, y si al llegar se es realmente feliz.


“Frente a preguntas turbadoras, nos dijimos muchas veces que si hubiéramos tenido presentes esas posibilidades la expedición hubiera sido otra cosa, acaso mejor o peor, pero nunca ese avance en la felicidad y en el amor del que salimos tan colmados que nada, después, incluso viajes admirables y horas de perfecta armonía, pudo superar ese mes fuera del tiempo, ese mes interior donde supimos por primera y ultima vez lo que era la felicidad absoluta”



Ambos cronopios, la Osita primero y luego el Lobo, dejaron esta autopista poco tiempo después, pero yo guardo la gigantesca esperanza de que siguen viajando, porque hace unos días sostuve esto mismo, que todo fin comienza en otro punto. Y quizás ellos estén viajando junto a sus tantos amigos en alguna autopista invisible sobre las nubes.
Y si les cuesta imaginar eso, créanme que ellos mismos crearon otros caminos mediante sus letras y sus fotografías, caminos que ahora otros recorremos hambrientos y ansiosos por descubrir mas y mas paraderos, mas y mas misterios escondidos en las palabras del mas grande de los cronopios.


Yo voy por esos caminos, intentando seguir sus pasos. No se de fines ni de realidades empíricas. Sé que sigo un camino, y con eso me basta para lanzarme sin miedo a la autopista de la vida.

jueves, diciembre 14, 2006

Los chicos

"Los chicos de la calle
lavan las peonzas en los charcos,
ellas fabrican cigarrillos mágicos
con láminas de coco."
Quique González

Unos chicos en la plazoleta de la avenida juegan a una infancia dividida.
En sus ojitos encendidos se nota la alegría y la inocencia; en sus cachetes sucios y en sus alpargatas negras, el sacrificio y el hambre.
Y ellos, igual, se están revolcando de risa, están saltando, están riendo y charlando. Uno arregla unos ramitos de flores que venderá a los conductores en el semáforo; el otro está con sus cachetes hinchados y rojos mientras sopla con fuerza intentando inflar un globo blanco.
Al ponerse en rojo el semáforo ambos salen disparados con los ramitos y las sonrisas, que intentan disimular para que les den moneditas.

Yo les doy todas las que quieran si me muestran de nuevo esas sonrisas sucias y con pocos dientes que son tan pero tan bonitas.



domingo, diciembre 10, 2006

El regreso


"A medida que aceleramos mis recuerdos me estremecen
y en un soplo veo proyectado como un film toda mi vida
Ya no se si el cielo esta arriba, abajo o dentro de mi
y aunque el paisaje sea tan extraño creo haber estado aqui."
Suéter - Amanece en la ruta



Guardo muchas imágenes en mis ojos.
Son como paisajes fugaces perdidos en mis recuerdos. Ellos, todos ellos, están teñidos de colores que desconozco, colores que son más bien sentimientos, identificaciones. El viaje esta lleno de colores e identificaciones. El viaje esta plagado de recorridos, pero todos ellos son uno solo, así como todos los colores pueden hallarse en una línea tan fina como lo es el arcoiris. Y en mí los recorridos se abren, se multiplican. Hay caminos de tierra o de hormigón y hay caminos internos de sustancias que no tienen palabras, caminos de instancias y colores, de sentimientos y pensamientos. ¿Qué hago yo si no es recorrer estos caminos? Gasto mis zapatillas, las hago ir y venir por todos estos senderos hasta que sus cordones exploten, hasta que los pies – o más bien la mente que transportan- se queja y pide por favor una pausa. Son tantos los caminos, las encrucijadas. No se conoce el destino, no se conoce lo recorrido, porque es todo tan subjetivo. Entonces prefiero no hablar de caminos, prefiero hablar de mareas. La gran marea interna.

(¿dónde voy? ¿dónde estoy?
¿quién soy yo? ¿qué hora es? ¿dónde estaré?)


Que es la edad, lo sé, repetidas veces lo han dicho. ¿Pero es que acaso a alguna edad se calman los planteos y se desvanecen los caminos? ¿En algún momento el camino se hace único y nosotros nos resignamos alegremente a éste? No. Ante esto prefiero ser siempre un constante dilema de yoes, un constante viaje. Antes que eso prefiero huir al destino.


Todo sin embargo, incluso la huida, es un regreso. Se dice de mí que nunca vuelvo y siempre me estoy yendo a ningún lugar dice A.C últimamente. Pero él mismo lo sabe, porque siempre hay un regreso. Con la esperanza de que algún lugar encontrare” es que recorro todos los caminos que encuentro a mi paso, es que me enredo entre los árboles del bosque, es que me siento sola en las hamacas de una plaza, es que recorro la ciudad como una perfecta desconocida, como un alma inundada de seguridad.



Pero al final, es todo esperanza. No creo en los finales. Ni en los felices, ni en los tristes. Porque todo final es un comienzo. Porque toda huida es un regreso. Será que la vida es un círculo. Y todo regreso implica un nuevo camino. No se vuelve igual a como se fue: se aprenden cosas, se descubren otras.





Hace mucho tiempo empecé un viaje.
Hace exactamente dos años.

Hace 1 mes y medio empecé otro muy distinto, pero ambos son recorridos con placer.
Hay uno que hoy termina, que hoy regresa a la ciudad. Ya la ve allá a lo lejos: una gigantesca multitud de edificios. Una nube negra los asfixia y nos alarma; el piso esta vibrando con todo el ruido que allí se produce, con todos los pasos que allí caminan. Se acerca la ciudad, se aparece en nuestro horizonte diciéndonos tantas cosas… Pero este viaje no termina, porque el regreso implica un nuevo viaje, implica recordar el viaje físico, implica reproducirlo mentalmente, implica cambiarle los finales y los momentos para que encajen más con uno. Y uno ya es nuevo y distinto y es feliz por lo que hizo, al menos por haberlo hecho, es feliz de lo que recorrió a pesar de sentir nostalgia por tantos momentos. Uno es feliz de haber viajado, y en casa nos esperan tantos viajes más.



El otro viaje es uno cuyo final desconozco, cuyo final creo imposible. Mas bien, quiero decir, la causa que lo inicia es infinita, es la causa de mi vida misma y por eso no le veo un final. Cuando empecé este camino, apenas si comprendía qué era lo que estaba empezando. Luego, mucho más tarde, lo sabría. Empezaría una nueva etapa de mí, una nueva parte de mí que primero escondería con recelo y que luego abriría al mundo. Porque esta soy yo verdaderamente, y porque es ésta quien yo quiero ser. Y este camino, como todos los que nos trae la vida, fue trayéndome miles de nuevas experiencias e ideas, me trajo a nuevos amigos, nuevos compañeros de viaje, muchos de los cuales siguieron conmigo, muchos nuevos vinieron a acompañarme, muchos otros prefirieron el regreso.

Hace dos años empecé este blog, desconociendo qué nuevos universos podría alcanzarme. Hoy no puedo creer que haya pasado ya tanto tiempo, y que a la vez sea tan poco. La amistad que formé con muchas personas aquí parece que fuera de toda la vida, el cariño puede traspasar incluso cualquier tiempo y distancia. Escribir tanto, leer tanto, conversar tanto en estos caminos me enseñó muchísimas cosas, cosas que no se pueden contabilizar.

Este camino es uno de esos que decía al principio, es un camino plagado de colores y sensaciones y pensamientos. Es un camino que se recorre desde la imaginación de saber y creer que en cada blog se esconde una persona para ser descubierta. Y es un camino que se cruza con miles de caminos.

Hoy estoy feliz de haber encontrado un blog por casualidad en aquel diciembre frío. Hoy estoy feliz por haberme animado a escribir para otros, estoy feliz por haber conocido otras voces y haber dejado que se conociera la mía.


Por ser este día el cumpleaños del blog es que les dejo un regalito plus a lo que tenía planeado: las canciones que más me han gustado de Andrés Calamaro. Y lo elijo a él porque justamente hoy voy a ir a verlo tocar en el Estadio Obras junto a Ariel Rot.

Algún lugar encontraré, precisamente porque busco un lugar, mi lugar, constantemente en todas partes, busco hacer mío cada lugar, algún lugar encontraré.

Paloma, porque es un tema que siempre me pareció hermoso, mas allá de que me identifique o no, es uno de los mejores de Andrés. Y porque me gustaría poder volar con o sin paracaídas.

Crímenes Perfectos, porque fue la primer canción de amor con la que me identifiqué y con la que lloré mis primeras lágrimas de enamorada, hace casi nueve años (sí, era toda una pequeña).

Media Verónica, por la gran identificación que tuve en un tiempo con este tema, identificación que sigo llevando; la verónica mitad que esta cansada de esperar, que dice siempre la verdad, la que tiene muy poca maldad y que escribe: La vida es una cárcel con las puertas abiertas.

La libertad, porque es la hermana mas hermosa, porque la buscamos constantemente, porque es ella causa de muchos desvelos y sueños.


El retorno y el comienzo de un nuevo año en el blog son razón suficiente para empacharnos de Andrés.


Besos a todos y GRACIAS por acompañarme en este viaje.

=)

lunes, diciembre 04, 2006

La huida

Se van los autos hacia ese vacío.
Se van unos tras otros en un sendero de hilo, un sendero que de un momento a otro se torna en un torbellino de colores, un torbellino tan frágil. Estamos en ese hilo, vamos como conducidos por la inercia. Ya no sabemos bien adónde somos conducidos. Tan solo se sigue.

Las paradas son como comprimidos de tiempo que de pronto se ensanchan ante nosotros. Y es paz unos minutos antes de volver al abismo de la velocidad.



Intento descifrar de qué escapamos, si es que acaso lo hacemos. Adonde vamos no es un destino, no es un camino. ¿Hay un final? ¿un punto de conclusión? ¿Un punto de regreso?
Realmente ya no me importa tanto este viaje externo. Las valijas se revuelven en el baúl del auto, agotadas de moverse de un lado al otro. Mis piernas ya no sienten más ganas de caminar, mis mañanas extrañan la luz dorada que se filtra por la ventana de mi cuarto. Pero mi mente no cesa un minuto. Su camino es extenso y agotador.

A medida que nos internamos más en los caminos, pareciera que nos internamos más en nosotros mismos.
Dante tiene esa misma impresión, aunque quisiera que yo no piense tanto porque lo contagio, lo hago pensar a él. Y él, que encima tiene pensamiento nostálgico, propenso a lagrimear por penas ajenas, se acerca a mis razonamientos hasta llegar al punto de compartirlos.

- Irse no es una angustia si se sabe que se va a volver. Siempre hay un regreso, aunque sea sólo metafórico o en la distancia. Uno no abandona todo así de fácil.
- ¿Entonces por qué escapamos? ¿Por qué no podemos regresar a eso que éramos? ¿por qué ya nada es lo mismo y el camino de vuelta no resulta placentero por más que estemos cansados de tanta movilidad?
- Es que no se puede volver a ser lo mismo. Constantemente nos estamos yendo, es un abandono diario, vamos dejando tirados pedazos de nosotros, y a veces esos pedazos alguien los guarda, o se funden con la tierra o quizás retornas a diario, pero volvés a irte otra vez.
- Pareciera que huimos, ya te lo digo. Pero no creo que eso sea realmente el motivo.
- En sí, de algo estas huyendo. Yo también estoy huyendo. Somos dos cobardes, pero cuando la realidad nos comprime la cabeza, huimos. No del mundo, de eso jamás se puede huir, porque ya se estuvo aquí: una vez tocado el suelo las huellas quedan. Huimos de nosotros mismos, de nuestra propia voz, de nuestras propias huellas, las que nos vamos haciendo en el alma para seguir.
- Huir es el exilio, es un beneficio con un plus de sacrificio, es un salvarte la vida metafóricamente a cambio de abandonarla en una tierra lejana en la que se siembran recuerdos, ya no más vivencias. Y eso es lo que verdaderamente duele, la verdadera angustia. ¿Como podemos estar buscando aquello que tantos padecen?
- Es distinto. Pero todos se exilian alguna vez, de alguna forma. Nosotros estamos eligiendo un exilio momentáneo, un escape a la rutina, un escape a la mente. No por ello muere nuestra vida.
- Pero algo cambia, rotundamente, algo en vos y en mi ya es distinto, aunque no quieras.


Dante asiente con la mirada perdida en el pasto gris que crece entre las piedras. Da el sorbo final a su mate y me lo devuelve sin responder mas nada.

Me mira a los ojos, ya sin miedo, ya conociendo mi forma de mirarlo:
- No pienses más, viajera, no pienses más. Hay un mundo ahí afuera que te espera. Cada paso es una nueva batalla, incluso en la huida. Cada batalla, ganada o perdida tiene su logro. Y vos no hagas mas que disfrutarlas, nena, que el tiempo no nos sobra y ya casi llegamos…. ¿Adonde? Pues a nosotros mismos.- Y sonríe hermosamente, una vez mas para mí.

. Volveré a los sitios donde nunca he estado
como vuelvo siempre al punto de partida
vendo corazones de segunda mano
y unas zapatillas para huir se prisa .
Q.G.