(Conservamos este sombrero de sueños rotos
y los sacamos
cuando los necesitamos cerca)
Matchbox Twenty
Te escribo así, manchada con las manos de artista, llenos los dedos del carbón del lápiz que usé para dibujarme escondida de tu mirada.
Porque ansié tanto tu mirada, y ahora le huyo, porque temo. La siento tan cerca y real, tan incontrolable... no la ansío tanto ya.
Pero la fuerza de las ansiedades pareciera ser mayor que cualquier otra fuerza, y me veo apresada en este tironeo de miradas, expectantes, todas esperando por mí.
Y una vez que me estas viendo de lleno, una vez que todas las miradas se concentran en mí me escondo tras un triste sombrero de sueños rotos, aquel que nos sacamos de la cabeza y que abrimos para darle paso a nuestras tristezas, como hacemos con las galeras de los magos y algunas pobres palomas que intentan volar, pero son como las ilusiones rotas: apenas si pueden abrir las alas.
Y me siento tan inútil tras este sombrero que no me logra ocultar. Siento que me escondo de algo que busqué, que me escondo de mí misma, y eso, ya lo sabemos todos, es imposible.
Las miradas ya no existen, soy yo sola, mirandome desde afuera y desde adentro, todo es una inmutable continuidad excepto yo, y este vacío, y esta soledad inmensa atestada de miradas.
Qué ganas de revolear este sombrero.
De que se vaya volando como un boomerang, pero que no regrese, que no lo haga jamás.
Sin embargo, este sombrero es mi cabeza. Y no me lo puedo sacar.
Este es mi sombrero y lo abrazo.


