
A la noche se empiezan a encender las preguntas.
Las hay distantes, quietas, inmensas, como astros:
preguntan desde allí siempre lo mismo:
cómo eres.
Otras, fugaces y menudas,
querrían saber cosas leves de ti y exactas:
medidas de tus zapatos,
nombre de la esquina del mundo dónde me esperarías.
Tú no las puedes ver, pero tienes el sueño
cercado todo él por interrogaciones mías.
cercado todo él por interrogaciones mías.
Y acaso alguna vez tú,
soñando,
dirás que sí, que no,
respuestas de azar y de milagro
a preguntas que ignoras,
que no ves,
que no sabes.
Porque no sabes nada;
y cuando te despiertas,
ellas se esconden, ya invisibles,
se apagan.
Y seguirás viviendo alegre,
sin saber que en media vida tuya estás siempre cercada de ansias,
de afán, de anhelos,
sin cesar preguntándote eso que tú no ves ni puedes contestar.
Pedro Salinas