viernes, febrero 22, 2008

Luz en el mundo

La biblioteca del padre de Dante era un habitáculo oscuro y encerrado, con olor a polvo viejo y un poco también a humedad. Pero era, a la vez, un maravilloso mundo de espejos.
Repleta la pared de estanterías y rebosantes éstas de libros no podía decirse que fuera un cuarto ordenado. Los libros también vivían apilados en el piso y en las mesas y esto no resultaba en absoluto un estorbo. Las pilas podrían haberse elevado hasta el alto techo como cada estantería lo hacía pero ciertas fuerzas naturales impedían el perfecto equilibrio.
Sobre la larga mesada de madera esmaltada se dibujaban más y más pilas de libros, como una adecuada decoración del paisaje, y en la baja cúspide de una montaña de letras se apoyaba, sobre la tapa de cuero rojizo de un libro sin nombre, un pequeño planeta tierra. Este (pequeño para ser un planeta, grande para ser una pelota) emanaba una tenue luz amarillenta, que hacía ver sus mares color verde y sus tierras semitransparentes, y sus millones de nombres escritos en tinta negra como pequeños manchones de perfecta simetría y alineación. Salía luz del mundo.
Dante miraba también la lámpara-globo terráqueo y creo que pensaba lo mismo que yo cuando dijo: “El mundo nos da su luz, y nosotros vamos a ella como dos polillas de biblioteca” Y ambos sabíamos que no hablaba enserio, sino que metaforizaba la situación; me hacia creer que el mundo era una lámpara y que la habitación estaba llena de polillas cuando en realidad el verdadero mundo está brillando, realmente había un brillo en cada día gris, realmente el mundo nos decía algo al hablarnos: el mundo se encendía ante el universo y no creo que fuera por explosiones solares –ausentes en la faz de la tierra- ni por los millones de vatios gastados diariamente en luz eléctrica: creo que el mundo tiene una luz extraña, una luz que sólo atrae polillas, y somos nosotros las polillas.
- ¿Y los espejos? Esos son los libros: espejos de la luz de nuestros pensamientos, espejos de la luz que nos atrae como polillas que somos.
Al escuchar esto Dante rió a carcajadas y luego volvió la mirada a su libro, con esa sonrisa de complicidad que solo él me sabe dar; esa sonrisa que es sólo una pausa antes de intentar desmerecer mi teoría sin fundamento alguno.

miércoles, febrero 06, 2008

Los días

La ausencia,
¿Qué es cuando en el día a día se confunde con costumbre?
No es más que un detalle, una pequeña salvedad
Pero en esta soledad inusitada me doy cuenta cuánto me faltas
La ausencia, ahora mismo, es saberme vacía de vos
Vacía casi siempre de vos

Los días
Parecen garabatos en un calendario
O memorias narradas en la memoria a alguien que no se reconoce escucha
Memorias narradas que caen huecas en la nada
¿Dónde estás en estos días?
Los días, ahora mismo, caen huecos en la nada.