miércoles, enero 23, 2008

Universo

"And let me be
To go off on my own
Let me be to go home
I feel like going home"



¿Qué hacer con todo este universo a mis espaldas?
¿Que hacer si me estoy tragando la bronca, el dolor, la soledad
Y afuera, afuera nadie quiere comprender?
Afuera nadie extiende los brazos en busca del abrazo
Afuera nadie quiere escuchar hablar sobre heridas existenciales.

Hemos dejado un río de emociones, brillando y latiendo
A simple vista de todo el universo
¿Y quién lo contempla con verdadera ansia de zambullirse?
¿Quién desea realmente sumergirse en ese río y encontrar su desembocadura?
¿Quién desea ahogarse en ese agua
Con tal de encontrar en su fondo
La más hermosa sinceridad?

Las emociones, idiotas e inútiles quimeras,
Nos dejan más solos todavía
Más huecos e incomprendidos
Ni el amor, ni la tristeza, ni la soledad
Son capaces de mover un solo palmo de nuestras existencias

O tal vez sí las mueven, pero de una forma
Tan profunda y estúpida
Tan existencial y vacía
Que no podemos más que hacernos los tontos
Fingir que no existen, que no nos tocan, que somos inmunes

No soy inmune,
No deseo serlo.
No puedo ser inmune con todo este universo de emociones adentro.
No seas inmune,
No quiero que lo seas
Frente a este universo de emociones.


jueves, enero 10, 2008

Invención

“Creo que soy porque te invento
(…)
Y tú en esa vigilia alientas
La sombra con la que me alumbras
Y el murmurar con que me inventas”

Doble invención, Julio Cortázar


Dibujos, garabatos, bocetos inconclusos de unos ojos nunca vistos. Música olvidada en un rincón del placard, palabras en todas las hojas que desparramó por el suelo. ¿Dónde encontrar ese nombre sino en la calles, en los libros, en los mapas, en las canciones, en las iglesias y en los colegios, en parques de invierno y en desiertos de verano? ¿Dónde sino en el silencio de la noche y en el trajín del mediodía? Su nombre clavado como una cruz en el tiempo y el espacio intocables.
Y mientras toma un café helado por la tormenta de anoche piensa en todos los amaneceres compartidos a la distancia, y todos los que podría inventar para su mirada. Piensa en que perdió tanto tiempo hablando de paraísos artificiales, de mentiras piadosas, de genialidades y vergüenzas ajenas; y para qué tanto tiempo si se escapan los años y él aprende a estar solo, a olvidar los rostros y los nombres sin esfuerzo alguno.
Sin embargo es temprano y no logra conciliar el sueño, como contagiado por un pensamiento compartido, por el simple recuerdo de su pelo dando la vuelta para saludar y decir hola o adiós, si al fin y al cabo son lo mismo; los segundos no corren y nos hemos reconocido; el tiempo es el mismo siempre. Pero él tiene la voz cambiada, atesorada por las ausencias y ya vacía de miedo. El café a medias en la taza y su mirada clavada en un hueco gris alba de la ventana. ¿Cuántos días y años, cuántos veranos más?
El tren al sur ya no significa nada si ella no está más en ese camino: una maquinaria vacía y ruidosa que sólo trae recuerdos y no la posibilidad latente de escaparse un día a sus calles y sus cielos.
Otra madrugada más es consciente de que la inventa y, fascinado con ella, no piensa dejar de soñarla. Mientras, por el mosquitero de la ventana entreabierta se filtra el olor de la lluvia inminente, alertando a la tierra y a las hojas. El apoya su taza vacía en la mesada y luego se traga, junto con el último sorbo, el frío y la ausencia.