Primero, dudar de su nombre.
Quedarse en el ardor de la duda.
Extasiarse.
Luego comenzar un acto de
nombrar y ordenar las cosas.
Ritual y
Evitar pensar únicamente en símbolos.
Todo esto como si fuera aire que respiro,
sangre circulando,
la última gota de vida que queda por dar,
y la estirara más y más
para que cuando cayera estrellase en sí misma.
O jugar un juego no buscado:
saltar, reír, llegar al cielo.
En los albores de la vista -ese abrir puertas infinitas-,
en el nacimiento insurgente de la duda,
en las puas y espinas bajo la piel,
en el vómito imperceptible;
como si se tratase de abrir un mundo,
jugar a la rayuela,
estirar la mano para abrazar otra mano
o limpiar la miseria humana que cubre.
Es así que
intento escribir
Como si clavara las uñas en otras carnes,
vírgenes de emociones.
sábado, septiembre 20, 2008
viernes, septiembre 05, 2008
Chiquita
La ciudad a lo lejos como esquivándole la mirada,
multiplicada infinitamente en la mirada quieta.
Ella y sí misma,
mil veces más.
Un destello rojo que marca su paso,
el pelo apenas cayendo en el rostro gris.
Y las sombras corriendo en los recodos
entre las mangas, las orejas y el cuello.
Y las sombras ajustándose a sus mejillas planas
entre ella y sí misma,
y la otra que no se ve.
La mirada como perdida en el empedrado de una calle
o tal vez en el ruedo del mar rojo,
o tal vez en su cintura ceñida de bravura.
Y allí en las alturas rasca cielos y gigantes de yeso
Y aquí en los zapatos colillas y el mar de volados.
Y allí en la ciudad el humo y las costras
Y aquí en la mirada el vacío
o ella, sí misma, la ciudad
y un vacío.
multiplicada infinitamente en la mirada quieta.
Ella y sí misma,
mil veces más.
Un destello rojo que marca su paso,
el pelo apenas cayendo en el rostro gris.
Y las sombras corriendo en los recodos
entre las mangas, las orejas y el cuello.
Y las sombras ajustándose a sus mejillas planas
entre ella y sí misma,
y la otra que no se ve.
La mirada como perdida en el empedrado de una calle
o tal vez en el ruedo del mar rojo,
o tal vez en su cintura ceñida de bravura.
Y allí en las alturas rasca cielos y gigantes de yeso
Y aquí en los zapatos colillas y el mar de volados.
Y allí en la ciudad el humo y las costras
Y aquí en la mirada el vacío
o ella, sí misma, la ciudad
y un vacío.
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