jueves, julio 14, 2005

Ayer quemé mi casa

Son, éstos, escudos inversos. Protegen pero dañan a la vez. Protegen mi ciudad de pequeñas cosas ordenadas de todo aquello que lo pueda pasar por encima y tire sus edificios como si fueran de juguete. Como si fueran tan fáciles de reconstruir. Surgen de la nada como una capa mágica, como soldados y guardaespaldas, todos enormes, todos poderosos, todo eso que yo no soy. Mis ciudades de edificios endebles jamás tuvieron que padecer las tormentas ni los granizos, pero tampoco pudieron sentir el calor de la luz del sol.
[Ríos de sangre que emergen y saltan, buscan salir de ese encierro feroz. Fugaces mareas, buscan el destierro o la humillación, buscan huir de ese amargo sabor. ]
Pero miles, miles de escudos unos junto a otros como un negro nubarrón, ocultan la belleza de la luz. Y tantas paredes erguidas como techo, tantos silencios convertidos en himno, se afilan sus contornos naciendo púas y espinas que hieren. Ya no son paredes protegiendo la casa, son corazas que encierran el corazón. Y las paredes ya no tienen grietas, son espinas que le nacen de su piel y que se hunden en el pecho, hacia adentro, penetrando con dolor.
[Basta ya de gritos enmudecidos, basta ya de angustias sin dolor, los ríos ya hierven por ir en busca de la luz.
Y romper con la coraza mas dura que existe, romper con lo que uno mismo creó, destruir piso y techo, fluir sin freno, busca el río lo que nunca encontró. Se necesita más que valor para tirar todo lo que uno se construyó, no es tan fácil romper tu propia casa.]
Pero una vez que el río desbordó, ya se sabe, lo que sigue es la inundación. La ciudad de pequeñas cosas ordenadas dejó de ser lo que era, creció hasta tocar las nubes, se llenó de millones de colores y el aire que tenía ya no olía a encierro.
Ya no hay mas muros. Se rompieron, se cayeron. Ya no hay suelo, se quebró y se hundió. Ya no hay mas cielo, porque en ningún lugar lejos hay horizonte.
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Hubo un día que me dí cuenta que mis muros ya no eran los mismos, que estaba "pisando sin el suelo" en un terreno jamás conocido. Supe ese día que ya nada era igual. Que YO no era igual. Supe ese día que no soy quien creí ser. Supe desde entonces que por mas fortaleza que me invente, mis castillos flotan en el aire, todos ellos, y tarde o temprano pueden caer, para mi bien a veces, para mi mal otras, para mi confusion siempre. Rompí la barrera y salí de mi coraza. Tantas veces ya lo hice, y siempre con tanto temor. Tantas veces lo haré. Pero hoy... hoy yo no rompí la pared. Hoy vi cómo la grieta se abría sola y dejé que se partiera.
Y me siento bien.
Tanta pared causaba dolor de cabeza.
Tanto encierro. Tanta ignorancia.
Basta de paredes.
A ver el mundo de una vez.

4 comentarios:

  1. WOW,nena,WOW!
    De veras te cuento que ayer cuando lo lei no me parecio taan asi, pero ahora me encanto, no le debo haber prestado demasiada atencion antes.
    Lo del río, la inundacion,el fluir..no, buenisimo!!!!!!!!!
    Cuando dije que vos habablas, gritabas,creo que esto lo dice todo. Un claro ejemplo.
    Te podria decir que es el que más me gusto, por el sentimiendo como avasallante que tiene, que le diste en cada silaba.
    GENIAL,nena!!

    Besos Grandes!!

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  2. Cada tanto la naturaleza quema campos, desborda ríos, envía tornados o glaciaciones. Un incendio cada tanto sirve para matar las malas hierbas y preparar lo nuevo que vendrá. Si la Pachamama (que es sabia) sabe de éso, debemos hacerle caso.
    Me alegro de tus inundaciones controladas y de tu prosa, que suena cada vez mas vigorosa.
    Un beso!
    (Y si de algo sirve, recordá mi comentario de ayer)

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  3. leí un comentario que me sonó algo celoso en el blog de Georgi. Extraño los post de ambas, cada una en su perfil. Georgi es una gran poeta, y vos una narradora muy sólida, así que no me prives de tus palabras!
    Un besote!!!!

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  4. no.. celoso no...
    simplemente me causó gracia tu comentario, nada mas :P

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