La ciudad llena de pájaros, pero las calles están vacías;
ni las gotas se atreven a acompañar esta soledad fría.
Te vi llegar, lejana y hasta colorida en este silencio,
Pero desapareciste.
Tu sonrisa, luego la sombra de un auto,
El sonido de los árboles estrellando sus ramas contra los edificios,
El viento helado cortándome la cara;
Después ya no estabas.
Ni tu sombra siempre tan nítida.
Ni el perfume con el que vas regando la ciudad.
Desapareciste, ya no estabas.
La ciudad llena de pájaros, pero me faltan sonrisas;
Y el corazón tan vacío, las calles tan vacías. (El corazón y las calles siguen –ambos- tan vacíos)
Creo sentir todavía que algo late acá dentro,
Y sin embargo todo pareciera estar tan seco.
Mis pisadas dejan una aureola gris en la tierra,
En las miradas, en las almas.
Dónde podría estar más sola hoy si no es aquí conmigo,
Lo gris pareciera no querer dejarme.
Ya no me importa, creo poder afirmarlo,
Ya no me importan tantas cosas.
Ni que mi corazón se congele con el invierno,
Ni que alrededor mío todo luzca tan cálido y yo ya no pueda sentirlo,
Permanecer callada sabiendo que dentro mío las palabras
Se desgarran por decir algo.
Será esta tristeza que llevo pegada
Y que no me interesa erradicar.
Será que se pueblan mis ojos de nubes oscuras,
De brillos apagados, de sonrisas livianas, de palabras amargas.
Hoy no me importa tanto sentirme sola en las calles heladas,
Como sentir que si río no tengo ninguna otra risa
Que suene a mi lado,
Siquiera en mi oído,
Siquiera en mi memoria.