domingo, mayo 07, 2006

Pasaje.

Caminábamos por esa boca de lobo en la mitad de la noche. Los edificios se erigían como monstruos y un único farol rotoso iluminaba con debilidad nuestros rostros. Hacía un frío polar, la humedad nos calaba hasta los huesos. Decidimos que era mejor para bajo el farol, con tal de descansar las piernas. Los escalones que subían a la puerta del Edificio 43 parecían un buen refugio a esa hora (donde) en que la oscuridad se devoraba todo, y por esto nos sentamos allí.
- Podríamos quedarnos aquí hasta que amanezca – me dijo Mateo
- Pero se trata de pasar la noche. No tenemos ni idea la hora que es. Podríamos morir congelados y nadie se enteraría.
- ¿Vos realmente crees?
- Sólo sé que es mi corazón el que ya está sintiendo el frío.
- Entonces hagamos algo para no morir. Quizás si nos movemos un poco…

Dimos unas vueltas en círculo, bajamos y subimos los escalones pero en lugar de sentir calor, generábamos más viento y nos dábamos cuenta cuán duros estaban nuestros músculos que cualquier movimiento resultaba una odisea.
Cansado y aún con frío, Mateo se rindió y me largó esa vieja frase admonitoria, diciendo que parecíamos dos saltimbanquis locos, y volviendo a su estructura, prefería morir de frío que vivir tildado de chiflado. Finalmente las fuerzas no me dieron para más y me senté a su lado, con la respiración entrecortada pero un poco más aliviado.
Mateo ya no hablaba, se había quedado mudo luego de su frase y parecía no querer gastar el aire caliente que exhalaba para otra cosa que no fuera calentar sus manos. Inmediatamente recordé la noche en que, parado frente al fuego del hogar, mi esposa me había acercado un vaso de agua y tres nueces, que duraron horas en la mesita debido a la extensa y placentera charla que tuvimos. Por ese entonces ella se parecía mucho a Cora Ferri envuelta en batones, y nos moríamos de la risa de tan sólo pensarlo.
Una enorme sonrisa se me asomó en la cara, pero una tos abrupta me la quitó. Entonces Mateo me miró, lejano y atemporal, con una mirada distinta a la de siempre, parecía estar más alto, más serio, como si de repente hubiera comprendido la magnificencia del universo. Eso intentó expresar cuando me dijo:
- ¿Te acordás de la “palabra de marinero”, que nos dijo hace unos años aquel navegante? Eso es lo que el destino nos depara, adonde nos lleve el mar, adonde sople el viento, es adonde tendremos que ir. Aquella vez no había captado su significado. Hoy me golpeó de lleno. Nosotros estamos destinados a esto, hermano. A donde nos lleven los pies allí iremos. Este es nuestro destino, y así lo seguiremos.
- Eso te ocurre a vos, Mateo. Yo jamás quise tener que alejarme de Julia. Fue esa tonta idea tuya la que nos trajo hasta acá. ¿Y ahora qué haremos? Estamos perdidos en una ciudad desconocida, en donde la gente apenas se habla, ¡una ciudad de la que no podemos salir! ¿Y llamás a esto destino? Nuestro camino estaba en otro lado, estaba en donde nos fuimos, ¡y ahora! ¡Ahora ni siquiera sabemos cómo regresar!

Me callé y me tragué el veneno, ¿de qué servía discutir? Mateo se dio cuenta enseguida que lo único que tenía que hacer era callarse por un rato hasta que se me pasara ese momento, siempre había respondido así cuando discutíamos.
Tras unos minutos de tenso silencio me contó:
- ¿Te acordás aquella casa a la que entré hace dos días? ¿Te acordás que te dije que no había nadie? En realidad encontré tres cosas que tomé pero una no me pareció relevante. La primera fue este abrigo. La segunda fue un pedazo de papel que tenía unos datos escritos en lápiz. Lo guardé por si las dudas, mirá –acotó mostrándome una pequeña hoja amarillenta con dos palabras y un número anotados en ella.
- Y la tercera –continuó – fue este cuchillo. No sé porqué no te lo mostré antes, no le encontré ninguna utilidad. ¿Qué valor podría tener un cuchillo? Quiero decir, en esta ciudad, en la que todo viene prediseñado, en la que ya no se necesita hacer nada. No vale, no sirve. Ahora estoy pensando que esto no es nada más una antigüedad. Esto debe tener algún valor en sí, ¿no crees?

Miré largamente a Mateo y me pregunté si estaría en sus cabales. No entendía a dónde me estaba llevando pero por la manera en que hablaba parecía haber encontrado en aquel cuchillo la llave que nos abriría la puerta de escape de ese mundo irreal.

13 comentarios:

  1. Ayer me quedé pensando en que si hay que buscar al destino o el destino te busca a vos y ahora vengo a leerte y vos estás mas o menos caminando por ahi.
    Curioso, no?
    Excelente relato Aye, y el cuchillo me sonó a llave secreta, a salida de emergencia, a escalera de incendios, me sonó a que siempre se encuentra la salida aun en los mundo irreales.
    Besitos linda.

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  2. la salida si no se encuentra se debe debuscar siempre porque siempre hay una por muy escondida que esté
    un abrazo

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  3. En este mundo irreal donde todo parece ser verdadero y evidente, donde uno se configura y desfigura en muchos como uno, donde el destino parece estar escrito para todos... un filo, un sueño, una irrealidad parecen mejor camino que el ya marcado, una oportunidad para ver de otro modo, otra realidad (tan o menos irreal).

    un placer leerla señorita alegría.
    saludos.

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  4. Te conocí como poeta y ahora te saludo como narradora...
    Sentí también el frío junto con los dos crotos, y quise saber mas de ellos.
    Muy buen relato, de verdad.
    Besos, Aye!!

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  5. Pato: Esa llave fue la que busqué para llegar al final del cuento, y parece que el destino quiso que no saliera tan mal... hay que ver cómo salen ellos del mundo irreal =)
    Besos!

    Flexo: Es cierto que si no se encuentra una salida a simple vista, debe buscarsela porque alguna debe haber.
    =)

    Besos!

    Embrion:
    A veces la irrealidad, la forma de ver este mundo irreal para creerlo real o al revés, hace de nosotros seres diferentes, es la emoción de seguir caminando.

    Gracias por pasar!

    crub: No me acordaba que nunca antes había puesto cuentos... Será cuestión de qu empiece a hacer más de ellos =)

    La verdad no se me había ocurrido pensar que fueran dos crotos, aunque sí se me había ocurrido que eran en cierto modo vagabundos =P

    Besos!

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  6. Aye:
    Muy lindo como plasmaste lo absurdo de la elección en una fatìdica neorrealidad.
    No sé cómo llegaste a mi página, pero gracias por pasar.
    besos.

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  7. á: =) es una extraña neorrealidad y unas extrñas pautas a seguir; como que un cuchillo sea la llave a puertas misteriosas.

    Yo tampoco sé cómo llegué a tu página, tan solo fui pasando de blog en blog hasta llegar al tuyo. =)
    Gracias por pasar!

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  8. La única muerte digna es aquella que se impone contra la voluntad de vivir, es la lucha resistida. ¿Qué dignidad le cabe a una vida de carencias y dolores? Toda, si esas carencias y dolores son resistidos.
    El suicidio de alguna forma en el imaginario de algunos sectores ha sido muchas veces asociado a un acto voluntarioso capaz de devolver la dignidad a uno arrebatada por la vida: craso error.

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  9. Leopoldo:
    mucha razón tenés amigo..
    creer que en el suicidio uno se dignifica no es cierto, lo único que hace es demostrar que se es cobarde e incapaz de luchar contra los problemas que se te cruzan. Creo yo, que es la incapacidad de superar el orgullo y el narcisismo de tener que enfrentarse a un conflicto humildemente, para salir por fin victorioso.

    Me encantó tu comment =)

    Besos!

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  10. hola! queria saber que relacion tenes con la catedra de Rubione, de Semiologia, de la sede avellaneda?? gracias.

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  11. Hola, sí estoy cursando Semiología pero me gustaría saber quién sos vos.
    Espero tu respuesta

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  12. Hola Aye, es increible la cantidad de coincidencias que tenemos. Primero, me llamo igual que vos; segundo, casi los mismos gustos musicales y literarios, y por último, tambien estoy cursando semiología con cátedra Rubione en Avellaneda!!!
    acá te dejo mi mail:
    aye_rojostone@hotmail.com

    Chau!!!

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  13. MMMM, mirá vos... ¡Me suena al resultado de una consigna de escritura de los Talleres de Semio en Avellaneda! ¿Es de ahí?

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