viernes, marzo 24, 2006

A 30 años del golpe

Si mal no recuerdo, para esta misma fecha hace dos años, un sacerdote joven de mi (ex) colegio quiso compartir con los alumnos su experiencia de vida. Y nos contó...

Cuando él era chico vivía en Misiones, con su familia y eran varios hermanos. Cuando el más grande terminó la secundaria quiso estudiar en una universidad y se fue a vivir a Córdoba, junto con toda la familia. Apenas unos años más tarde ocurrió el golpe militar del '76.
Una noche llegaron los militares y tras haber golpeado a su madre, se llevaron a su hermano mayor, quién paso a ser uno más entre los que serían 30 mil desparecidos. Él apenas entendía y como se acostumbraba en el régimen, calló pero jamás pudo quitarse ese odio y esa necesidad de venganza en su interior. Recordaba vívidamente los rostros de quienes se llevaron a su hermano, e incluso soñaba a veces con ellos siendo los monstruos de horrendas pesadillas.

Pasaron los años, el recuerdo por supuesto jamás se borra, pero él ya había crecido y se creía superado. A pesar de que vivía con el odio en sus entrañas, aún confundido, comenzó a pensar acerca de meterse en el seminario y por esta razón comenzó a asistir a charlas sobre la Biblia. Era un lindo grupo con el cual conversaban hasta tarde sobre las diferentes interpretaciones de los textos y sobre cómo podrían aplicarlas a sus vidas de diferentes maneras. Se reunían bastante tarde, casi a las 11 y nunca salían temprano de allí. Una noche leyeron palabras sobre el perdón, reflexionaron sobre ellas, las conectaron con otras palabras similares y salieron contentos y satisfechos con lo hablado. Él volvía a su casa caminando solo por una fina vereda, escasamente iluminada al borde del río. Sumido en su burbuja de pensamientos no se dió cuenta del borracho que tirado en el piso pedía ayuda hasta que lo escuchó. Se dió vuelta y se acercó, el hombre, pasado de copas, apenas tenía fuerza para sostenerse y si nadie lo ayudaba pronto caería al río. Se acercó y lo miró a la cara para ver con los tenues rayos del farol que el borracho que le pedía auxilio era el mismo que muchos años atrás había secuestrado a su hermano y golpeado a su madre. El asco y el odio de repente sacudieron su cuerpo. Pensó en dejarlo ahí, quizás en empujarlo un poco para que cayera, nadie pensaría que en el estado que estaba no se habría caído por su cuenta, no podía ayudarlo, no justamente él. Miró a su alrededor, quizás si salía corriendo alguien más podría ayudar al viejo pero no había un alma en esa calle oscura más que las de ellos dos. Esos segundos cruciales fueron los que determinaron el resto de su vida, se dió cuenta que la oportunidad del perdón quizás le había llegado, aunque él no tuviera la más mínima gana de perdonar. Entonces estiró el brazo, levantó al borracho, y llamó a un taxi. Confusamente le sonsacó la dirección al hombre, lo llevó hasta su casa, lo hizo bajar en la puerta y siguió su camino, derecho hasta su propia casa, con el corazón galopándole a mil, incrédulo por lo que había hecho. Con mucha fuerza de voluntad intentó olvidar la cara de ese hombre, olvidar lo que era, para poder hacer lo que haría por cualquier otro hombre en las mismas circunstancias.

Contándonos a nosotros explicó que con el tiempo se dió cuenta que ese hombre que le arrebató a su hermano, recibió de sí mismo su propia venganza, que no es más que el círculo de esta vida, un día arriba y otro abajo, y comprendió lo que Jesús tantas veces le había repetido, y es que la vida misma iba a cobrar su merecido, y no era él quien ese día tenía que cambiar la historia.


La memoria me falló un poco, y puede que la historia original fuera aún más interesante, más clara, y más específica. Esto son las imágenes que me quedaron grabadas tras su largo discurso, que me marcó mucho, entendí desde otro punto de vista las cosas... Sin embargo no creo que todos hubieran tenido su misma capacidad. Recuerdo que contó que tras esto que hizo se sintió por fin en paz y comprendió que tenía que seguir su carrera en el seminario.

Yo tan sólo quiero recordarlo. Creo que hay que ser muy, muy valiente para hacer algo así y no arrepentirte luego el resto de tu vida.


"los dinosaurios VAN a desaparecer"

13 comentarios:

  1. Para variar acá me tenés emocionada y sí hay que tener eso que ya sabés para poder perdonar asi.

    Que no vuelvan los dinosaurios y como dice un amigo, que no duerman.

    Un besote!

    ResponderEliminar
  2. La verdad es una historia que muestra un acto sumamente solidario, no lo voy a negar, pero no deja de encerrar una cierta mítica religiosa de perdón y cielo, de culpa e infierno...
    Para analizar tu comentario habría que hojear nuestra historia y ver LA POSICIÓN DE LA IGLESIA RESPECTO AL GOBIERNO MILITAR... no se si alguien recordara lo que dijo Adolfo Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina: “Si bien la Iglesia tiene una misión específica, hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar: así cuando se trate de problemas que hacen al orden del Estado.” O Pio Laghi, nuncio apostólico cuando expresó: “Hay una coincidencia muy singular y alentadora entre lo que dice el Gral. Videla de ganar la paz y el deseo del Santo Padre para que la Argentina viva y gane la paz.”
    Yo también creo que la persona del relato fue muy, muy valiente para hacer algo así y no arrepentirse luego el resto de su vida... definiría el texto como algo sumamente poético con aires que bordean lo utópico.

    Dios sabe que hubiera hecho yo en el lugar de aquel hombre y no creo que me mande al infierno por eso...

    ResponderEliminar
  3. Van Howpper, vos sabes que me hiciste acordar que todavia existen estupidos, vos sos uno, pegate la cabeza contra la pared, no entendiste nada pelafustán!

    ResponderEliminar
  4. Querido Anonymous, gracias por la crítica!...

    ResponderEliminar
  5. Cada uno tiene su punto de vista con respecto a las cosas, poniéndome en el lugar de aquel hombre y pensando que hubiera hecho yo si golpeaban a mi madre y secuestraban a mi hermano lo que menos se me ocurriría es agarrarlo y llevarlo en un remis hasta su casa. Siento que solo Dios tiene la capacidad de perdonar así...
    Y porque vos opines distinto quedate tranqui, que yo por eso no pienso que seas un estupido/a y un pelafustán... Gracias igualmente por tomarte un minuto y leer lo que escribí. Suerte en tu vida.

    ResponderEliminar
  6. Van Howpper, ayyy, me enternizaste, se nota que sos buena persona..... perdona si fui muy critico con vos, pero sabes lo que pasa, estoy podrido que por cada cosa que pasa en la vida se le ponga la culpa a la iglesia, ya todos sabemos que la iglesia hizo lo que hizo, tambien sabemos de mujica, de los martires palotinos y de los cientos de martires religiosos que se chuparon los dictadores, lo que pasa que me parece que no tenia nada que ver echarle la culpa a la iglesia en este post pues lo que importaba era la historia y no el protagonista. es como que yo este con vos y vos que se yo, me rozas el culo sin querer con la mano y yo te diga: estupido no seas como la iglesia, miralo a storni y grassi, entendes Van Howpper? ya todos sabemos de storni que se garchaba a los seminaristas y de grassi que se comia el pebete, pero al caso no tenia nada que ver, como tampoco tiene nada que ver que si yo veo a un grupo de personas haciendo solidaridad diga: ven? esto hace la iglesia, cuando en realidad no se si siquiera esos tipos ayudadndo eran catolicos, digo, las cosas como son, ni fanatismo ni estupidez, equilibrio, como el que vio buda en la barca, el equilibrio que tensa la cuerda para afinarla...
    si no sos catolico no lo seas, pero no vayas por la vida hablando peste de la fe, de la iglesia, de dios.... porque de ultima yo no soy evangelico ni judio y no ando agarrandomela con los rabinos o pastores... a mi muchas mujeres me dejaron y no por eso las odio, sino que me di cuenta que son tan humanas como yo. como decia nietzche, humano, demasiado humano...

    bueno, un saludo

    ResponderEliminar
  7. Bueno, después de la polémica, mejor no digo nada...!
    De verdad, me parece que el relato tiene mucho de fábula, no se si el sacerdote no lo contó con la intención de movilizar a su auditorio, pero me parece demasiado Deus Ex Machina, no?
    Igual, como historia sirve para reflexionar.
    Un beso!!!

    ResponderEliminar
  8. yo no sé si el relato tiene o no mucho de fábula, qué sé yo, tampoco me importa, pero sí te digo y esto lo vi por mucho tiempo, que pasan más cosas al estilo "Dios primer máquina (o motor inmóvil como decía Santo Tomás)" de las que vos pensás, pero tampoco quiero parecermo a bucay, pues odio a bucay!

    ResponderEliminar
  9. Bueno, la verdad es que no me esperaba esto -creo que por mi falta de experiencia- y me quedé muy sorprendida por el debate que se armó. Van Howpper y Fernando, respeto sus puntos de vista y hay que comprender que cada uno tiene una opinión formada en su experiencia de vida, y por esto puede que nunca lleguemos a un acuerdo todos con todos. Sin embargo, más allá de la opinión que tengan, algo que no tolero es la agresividad. Entiendo que este es un tema delicado y muchas veces puede sacar de nosotros cosas que hasta desconocemos, y entiendo que pueda salir la agresividad, pero pido que por favor se controle, creo que para opinar no es necesario agredir.

    Respecto a lo que dice crub, quiero que sepas que con seguridad no es una fábula. En el momento en que él la contaba no eran muchos los que le prestaban atención así que si capturó a alguna audiencia fue a mi y a un par más. Por otro lado, yo lo conozco, ví que se emocionó en un momento mientras hablaba y quizás debo agregar que éste fue el único sacerdote de mi colegio que me movilizó a algo, que me dio una esperanza de que no todo estaba perdido; el resto me habían defraudado hacía rato. Por eso valoré esta historia y creí que era bueno contarla.

    Gracias a todos por dejar su opinión; más allá de que entremos a un debate sin salida, siempre me pareció importante opinar.

    Saludos!

    ResponderEliminar
  10. Este es un tema que nos va a dolder por mucho tiempo a los argentinos, aun las heridas estan abiertas y siguen sangrando, por eso es dificil de controlar el enojo o la reacción ante lo que nos hace saltar.

    Besos y memoria-

    ResponderEliminar
  11. me parece que temas tan hondos como la religión, la política y el fútbol ( estos tres tienen diferentes grados de profundidad) siempre despiertan agresiones, si lo queres llamar así. Porque tienen que ver con nuestras ambiciones, ansiedades y pasiones más profundas.

    ResponderEliminar
  12. Yo considero que estuvo muy bien lo que publicaste, cada uno tiene el punto de vista que considera correcto y con el tema de la iglesia querido Fernando, dejame decirte que creo en dios y soy católico... La iglesia la maneja el hombre, el hombre es un ser humano y por lo tanto puede equivocarse... No soy de las personas que van todos los días a la iglesia pero si que lleva todos los días a dios en su corazón. Mucha suerte a todos y lindo debate...

    ResponderEliminar
  13. Situémonos en el país y sus circunstancias:

    Argentina: lugar sin justicia donde la ley además de mala no se cumple y donde cada quien y cada cual reformula la validez de sus actos, sin importarle los demás.
    Circunstancias: Los indultos presidenciales –facultad corrupta por esencia- que borraron el acto de justicia que aunque limitado marcaba un hecho de tremenda importancia histórica para la salud de institucional y mental de un país, no sólo siguen vigentes como facultad presidencial –nada cambia- si no que son usados a gusto personal.
    Resumen: En nuestro país miles de culpables variopintos señalados por toda lógica incuestionable se pasean sin el menor remordimiento, haciendo el país que tenemos.

    Por todo lo anterior, juzgar respecto a la validez de los actos propios de justicia se diluye en un mar de inconsistencias. Que también ha deteriorado todo principio reparador.

    La experiencia, presentada en forma de moraleja, aunque poco creíble –habría que cuestionarse cómo después de tantos años alguien podría guardar en la memoria el aspecto de un individuo con absoluta certeza, y más cuando se lo encuentra en un estado de absoluto deterioro- tiene por objeto un perdón en el más difícil de los planos en el que no hace falta abundar. Aparentaría ser un intento enmascarado profesión del olvido bajo la dulcificada expresión de una bondad que no se cuestiona, confundiendo tal vez intencionalmente una bondad y un perdón personal con la negligencia social. Lo que dictaría el proceder de un hombre de honor, aquello que lo separaría de las bestias que fueron capaces de los más atroces horrores, sería rescatar al borracho, sí. Para que enfrente todo el peso de la justicia terrenal, bajo el dictado de las instituciones que jamás debieron dejar de funcionar. ¿Cómo se aplicaría la moraleja si un judío encontrase a un nazi de un campo de concentración en una circunstancia similar? Es indudable que hablaríamos de justicia. ¿Quiere decir la moraleja que si el asesino en cuestión era encontrado disfrutando de una vida lujosa y placentera y sin el menor remordimiento, otro debería haber sido su proceder? Muy capcioso el relato, aunque hubiese partido de un hecho real.
    No, no corresponde a la simpatía ni al odio de los individuos acudir a ideas místicas o a odios envenados para hacer o dejar de hacer lo que se les ocurra. Lo correcto, por más que le pese a los inventores de moralejas intencionadas, es que quien cometió un crimen –y hablamos aquí de los más inhumanos posibles- cumpla con la condena que nunca debió evadir. ¿Utópico? Justamente.
    Porque de ello derivaría esa Argentina con la que soñamos. Pero que está destinada a repetirse, una y otra vez.

    ResponderEliminar

Quienes dejan brotar las palabras...