lunes, febrero 05, 2007

Breve descripción de una mañana bucólica.

Es una bucólica mañana de febrero y amenaza lluvia.
Creo que es bucólica por lo gris, o por lo húmeda. Quizás por lo melancólica.
No sé qué será en verdad una mañana bucólica, sólo sé que esas palabras identifican esta mañana y no otra. Con eso me alcanza.

Decía que era bucólica y que era febrero, pero no dije todavía que además de gris es verde, muy verde. Y este verde es oscuro y fuerte; fresco, como neblinoso, y trepa con forma de hojas sobre las llanuras y los árboles, haciendo que parezca mas estrecho el espacio entre ellos. Y si el espacio entre los árboles es estrecho podemos decir que estamos en un bosque.

Aún así, no me crean tanto estas palabras ignorantes, no dejen que la imaginación vaya tan lejos como para que llegue a los bosques de las películas, a los medievales. No, no, tanto no. Eso es demasiado mérito. Aunque por como andan los bosques, éste ya podría empezar a serlo.
En fin, a un lado se abre una llanura, un pastizal bajo poblado de algunas araucarias pobres de follaje. Me recuerdan a los verdaderos hijos de Dios, aquellos que le dedican sus pocas migas de pan: las araucarias extienden sus ramas de poco follaje ofreciéndolas al cielo, a las más altas nubes.
Hacia delante hay un sendero de tierra y piedras. Un sendero triste y seco, como las reglas muy estrictas. A mi derecha está el verde del que hablaba. Me interno en esas hojas.


Decía tantas cosas, pero me olvidé de decir que no voy sola. Me acompaña una amiga nueva, todavía no se acostumbra a mi voz: Yo le hablo con dulzura y ella sólo relincha. Le acaricio el cuello y lo tuerce hacia un lado. Me mira con un ojo redondo y oscuro e intento descifrar algo. Tristeza y aburrimiento; qué se le va a hacer, amiga. ¿Buscamos un poco de aventura?
Salimos del camino y nos adentramos en el bosque. Noto que ella aún no percibe mi intención. Le doy unas palmadas en el lomo y se pone a trotar. Las ramas crujen bajo su paso y empiezo a sentir que me confundo en ese bosque. El gris de ella se confunde con la niebla. Yo comienzo a formar parte de su cuerpo cuando el trote se agiliza y se convierte en galope. Empiezo a creer que somos una sola, que volamos sin miedo ni problemas entre las ramas de los árboles. Sus crines y mi pelo son puro viento que se entrelaza y se teje en el movimiento. Ambas respiraciones se aceleran, ambas pieles toman el mismo sabor. Empiezo a sentir que soy otra: llevo botas y bombachas de gaucho, los estribos no me lastiman, mi compañera percibe mi seguridad en las riendas. Nuestros colores son parte de un paisaje bucólico.


Poco a poco veo el final del bosque, otra llanura y allá lejos la sonora autopista. Verla es una herida en el paisaje, un recuerdo feroz de quien soy y quien no soy, así que frenamos agitadas y nos encaminamos de vuelta a la espesura verde. Allí sueño con la gran aventurera que soy, y tomo aire para calmar mi respiración y mi imaginación.

Les decía entonces, esta es una bucólica mañana verde de febrero, las primeras gotas de lluvia chocan contra las hojas lejanas de las copas de los árboles y tardan en llegar noticias de la lluvia bajo tanto follaje. Mi compañera y yo andamos sin prisa, apreciamos la aventura y la melancolía de las mañanas grises y verdes, la de las mañanas bucólicas como sólo lo es esta.

7 comentarios:

  1. Yo vivo en un lugar de paisajes verdes con ambientes habitualmente neblinosos. Cuando los días están gobernados por el sol los colores son intensos y los azules y verdes son fuertes pero, es cierto que existe toda una gama de grises que imperan muchos días y tienen diferentes caracteres. En ocasiones, sobre todo en verano, esos días adquieren un tono embaucador y encantado, como de cuento o de sueño. Parece que el aire se duerme suspendido sobre la hierba, entre los árboles, sobre el mar, y reaviva la esencia de las cosas y la forma de sentirlas.

    Supongo que sobre una yegua, frente a un paisaje formado por un gran pastizal, un camino de tierra y un bosque, en un día de esos no queda otro remedio que aceptar la invitación de entrar por esa puerta en la que se entra a una aventura bucólica. Luego advertiremos de lejos esa “herida en el paisaje” y recordaremos quién somos como quien despierta momentáneamente de un sueño pero, afortunadamente, puedes volver sobre tus pasos a esa mañana bucólica y disfrutar de su carácter verde y gris encantado, con la agradable sensación de que esas puertas se pueden abrir en cualquier momento no demasiado lejos de las calles y de las autopistas.

    Me has transportado a esa campiña deliciosa y agradabale y, aunque aún no sé montar a caballo, creo haber sentido bajo las ramas la sensación de ese viento entrelazado. Gracias por esa sensación :)

    Un abrazo grande, Aye

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  2. Lo has descrito tan bien que casi he podido pasear allí contigo.
    Las sensaciones de las que hablas las he experimentado muchas veces a lomos de un caballo. Sentir que te fundes con el animal, con el paisaje, con el día...Es realmente maravilloso. Difícilmente comparable a cualquier otra experiencia.

    Un abrazo inmenso.

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  3. Precioso, nunca he montado en ningún animal, sí que he andado por bosques y por sierras,y al subirlas contemplas todas las heridas del paisaje, para mi lo mejor ;el silencio y el olor,lo peor, sentir que el que viaja es el paisaje , que se nos está yendo.
    Un abrazo

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  4. Aye estoy rodeada de cemento, y leer tu texto me llevó a los domingos por la mañana, allá bien lejos donde los días suelen ser grices casi siempre. Así que hay que disfrutarlos. La cuestión es que me dejé llevar por el relato y volvi a sentir que el paisaje me cobijaba con la serenidad que sólo logra dar la tranquilidad de la naturaleza con una muy buena companía.

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  5. Si tuviera unas botas de siete leguas enseguida cruzaba el oceano (o unas aletas de siete leguas) y cabalgaba junto a ti. No me vendria mal cruzar la patagonia a caballo....un poco de aventura, de sorberle todo su jugo a la vida, de aire puro.

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  6. (recién acabé de hacer un comentario y este nuevo sistema blogger me lo impidió subir, haciéndome cambiar de identidad...maldita sea)...Aquí voy de vuelta,j e...

    Te decía que las mañanas bucólicas y grises dejan de serlo cuando por ejemplo uno está en compañía de...¡Caballos! Montarlos, pasear con ellos, llevarlos, que nos llevan, sin dudas que son cuestiones que nos endulzan el alma.

    Yo hace un tiempo monté uno. Así como me subí, supe bajarme. Pero recuerdo que en compañía de ellos la vida tenía un plus especial, no sabría cómo explicarlo. Como que te predisponía de otra forma.

    El contacto con la naturaleza es único. Cuando leo tu texto, pienso que emociones similares exprimento cuando estoy cerca del mar. Al lado del agua, pude transformar muchas mañanas bucólicas en días soleados...

    Un gran saludo.

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  7. Zooey:
    Me encantó tu comentario, ese paisaje parecido que dibujaste con tus palabras. Y la idea de recordar quien es uno como si esto fuera despertar de un sueño.

    De nada por la sensación y gracias por tu comentario :)

    Besos de campiñas!

    Cascabel:
    Es cierto, no se compara a ninguna otra experiencia y por eso debe ser que resulta tan hermosa e indescriptible.

    Otro abrazo para vos =)

    Miguel:
    Qué hermosos y qué triste lo que decís. Es una sensación muy extraña esa también, sentir que aunque uno está completamente quieto frente al paisaje, éste se nos va, se aleja de nosotros...

    Genial lo que decís.
    Besos!

    Cess:
    Esa era la idea, no?
    Salir de este paisaje geometrizado y opaco de la ciudad para renovar los colores de la naturaleza ante los ojos. Los colores y las sensaciones también, los recuerdos y la buena compañía.
    Una forma de revivir todo eso para colorear nuestro verano.
    =)

    Besos!

    Puck:
    Jajaja, cruzar la Patagonia a caballo! ¿Queres seguir los pasos del libertador San Martín? =)
    No sé si habrán andado a caballo, pero te voy a dar una sugerencia: una hora a caballo es preciosa; un mes en la patagonia puede ser mortífero jajaja.

    =)
    Es un chiste nomás, recorrer la Patagonia debe ser hermoso, es uno de mis sueños, sabes? Pero no la cruzaría a caballo a menos que fuera estrictamente necesario, eso te lo puedo asegurar. =)

    Besos a caballo!

    Adriano:
    Jeje, todos contra beta blogguer =P
    (sin justificativos, claro =P)

    Las mañanas bucólicas no tienen por qué ser necesariamente deprimentes... Yo creo que fue un hermoso quiebre en mi soleada rutina.

    Y los caballos, sí, pueden ser lindos tanto como peligrosos (si uno tiene cero idea como vos y como yo o si justo te toca uno que es para nada amigable).
    Pero es verdad eso que decís, el contactarnos con la naturaleza desde otro lugar, el "conocerse" con un paisaje o con un animal, pueden predisponernos de una forma especial.
    A mí suelen despertarme ansias de aventura. =)

    Besos!

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