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sábado, enero 08, 2011

Los ilusionados
Se toman el buque
Dicen "ya basta"
Extienden las manos y los pulgares
Hacia rutas más salvajes
hacia nombres y lenguas desconocidos
hacia un contacto menos frívolo
caminan sobre las suelas de zapatos gastados

Con ropa descolorida, pelo despeinado
y son hermosos
Porque la mochila no pesa
La vida no es carga
Tienen tierra en las manos
Y trabajan los materiales como si fueran hermanos
Se confunden con el paisaje
Pero el paisaje no los confunde
Se toman enserio
Esto de la libertad
Y queman el dinero, destrozan
Los recuerdos.

Únicos, solos, de a dos
Desilusionados del mundo de las palabras
El lenguaje es poco y la mirada alcanza
Ilusionados del mundo
No temen al germen ni a la muerte

(Escapan, huyen de la
Muerte lenta que los hostiga
En las grandes ciudades
Que no logran comprender
Ni amar, tan solo sobreviven,
Se adaptan a la desesperación de estar tan encerrados
Tan muertos, tan secos, tan solos
En las grandes avenidas. )



domingo, diciembre 10, 2006

El regreso


"A medida que aceleramos mis recuerdos me estremecen
y en un soplo veo proyectado como un film toda mi vida
Ya no se si el cielo esta arriba, abajo o dentro de mi
y aunque el paisaje sea tan extraño creo haber estado aqui."
Suéter - Amanece en la ruta



Guardo muchas imágenes en mis ojos.
Son como paisajes fugaces perdidos en mis recuerdos. Ellos, todos ellos, están teñidos de colores que desconozco, colores que son más bien sentimientos, identificaciones. El viaje esta lleno de colores e identificaciones. El viaje esta plagado de recorridos, pero todos ellos son uno solo, así como todos los colores pueden hallarse en una línea tan fina como lo es el arcoiris. Y en mí los recorridos se abren, se multiplican. Hay caminos de tierra o de hormigón y hay caminos internos de sustancias que no tienen palabras, caminos de instancias y colores, de sentimientos y pensamientos. ¿Qué hago yo si no es recorrer estos caminos? Gasto mis zapatillas, las hago ir y venir por todos estos senderos hasta que sus cordones exploten, hasta que los pies – o más bien la mente que transportan- se queja y pide por favor una pausa. Son tantos los caminos, las encrucijadas. No se conoce el destino, no se conoce lo recorrido, porque es todo tan subjetivo. Entonces prefiero no hablar de caminos, prefiero hablar de mareas. La gran marea interna.

(¿dónde voy? ¿dónde estoy?
¿quién soy yo? ¿qué hora es? ¿dónde estaré?)


Que es la edad, lo sé, repetidas veces lo han dicho. ¿Pero es que acaso a alguna edad se calman los planteos y se desvanecen los caminos? ¿En algún momento el camino se hace único y nosotros nos resignamos alegremente a éste? No. Ante esto prefiero ser siempre un constante dilema de yoes, un constante viaje. Antes que eso prefiero huir al destino.


Todo sin embargo, incluso la huida, es un regreso. Se dice de mí que nunca vuelvo y siempre me estoy yendo a ningún lugar dice A.C últimamente. Pero él mismo lo sabe, porque siempre hay un regreso. Con la esperanza de que algún lugar encontrare” es que recorro todos los caminos que encuentro a mi paso, es que me enredo entre los árboles del bosque, es que me siento sola en las hamacas de una plaza, es que recorro la ciudad como una perfecta desconocida, como un alma inundada de seguridad.



Pero al final, es todo esperanza. No creo en los finales. Ni en los felices, ni en los tristes. Porque todo final es un comienzo. Porque toda huida es un regreso. Será que la vida es un círculo. Y todo regreso implica un nuevo camino. No se vuelve igual a como se fue: se aprenden cosas, se descubren otras.





Hace mucho tiempo empecé un viaje.
Hace exactamente dos años.

Hace 1 mes y medio empecé otro muy distinto, pero ambos son recorridos con placer.
Hay uno que hoy termina, que hoy regresa a la ciudad. Ya la ve allá a lo lejos: una gigantesca multitud de edificios. Una nube negra los asfixia y nos alarma; el piso esta vibrando con todo el ruido que allí se produce, con todos los pasos que allí caminan. Se acerca la ciudad, se aparece en nuestro horizonte diciéndonos tantas cosas… Pero este viaje no termina, porque el regreso implica un nuevo viaje, implica recordar el viaje físico, implica reproducirlo mentalmente, implica cambiarle los finales y los momentos para que encajen más con uno. Y uno ya es nuevo y distinto y es feliz por lo que hizo, al menos por haberlo hecho, es feliz de lo que recorrió a pesar de sentir nostalgia por tantos momentos. Uno es feliz de haber viajado, y en casa nos esperan tantos viajes más.



El otro viaje es uno cuyo final desconozco, cuyo final creo imposible. Mas bien, quiero decir, la causa que lo inicia es infinita, es la causa de mi vida misma y por eso no le veo un final. Cuando empecé este camino, apenas si comprendía qué era lo que estaba empezando. Luego, mucho más tarde, lo sabría. Empezaría una nueva etapa de mí, una nueva parte de mí que primero escondería con recelo y que luego abriría al mundo. Porque esta soy yo verdaderamente, y porque es ésta quien yo quiero ser. Y este camino, como todos los que nos trae la vida, fue trayéndome miles de nuevas experiencias e ideas, me trajo a nuevos amigos, nuevos compañeros de viaje, muchos de los cuales siguieron conmigo, muchos nuevos vinieron a acompañarme, muchos otros prefirieron el regreso.

Hace dos años empecé este blog, desconociendo qué nuevos universos podría alcanzarme. Hoy no puedo creer que haya pasado ya tanto tiempo, y que a la vez sea tan poco. La amistad que formé con muchas personas aquí parece que fuera de toda la vida, el cariño puede traspasar incluso cualquier tiempo y distancia. Escribir tanto, leer tanto, conversar tanto en estos caminos me enseñó muchísimas cosas, cosas que no se pueden contabilizar.

Este camino es uno de esos que decía al principio, es un camino plagado de colores y sensaciones y pensamientos. Es un camino que se recorre desde la imaginación de saber y creer que en cada blog se esconde una persona para ser descubierta. Y es un camino que se cruza con miles de caminos.

Hoy estoy feliz de haber encontrado un blog por casualidad en aquel diciembre frío. Hoy estoy feliz por haberme animado a escribir para otros, estoy feliz por haber conocido otras voces y haber dejado que se conociera la mía.


Por ser este día el cumpleaños del blog es que les dejo un regalito plus a lo que tenía planeado: las canciones que más me han gustado de Andrés Calamaro. Y lo elijo a él porque justamente hoy voy a ir a verlo tocar en el Estadio Obras junto a Ariel Rot.

Algún lugar encontraré, precisamente porque busco un lugar, mi lugar, constantemente en todas partes, busco hacer mío cada lugar, algún lugar encontraré.

Paloma, porque es un tema que siempre me pareció hermoso, mas allá de que me identifique o no, es uno de los mejores de Andrés. Y porque me gustaría poder volar con o sin paracaídas.

Crímenes Perfectos, porque fue la primer canción de amor con la que me identifiqué y con la que lloré mis primeras lágrimas de enamorada, hace casi nueve años (sí, era toda una pequeña).

Media Verónica, por la gran identificación que tuve en un tiempo con este tema, identificación que sigo llevando; la verónica mitad que esta cansada de esperar, que dice siempre la verdad, la que tiene muy poca maldad y que escribe: La vida es una cárcel con las puertas abiertas.

La libertad, porque es la hermana mas hermosa, porque la buscamos constantemente, porque es ella causa de muchos desvelos y sueños.


El retorno y el comienzo de un nuevo año en el blog son razón suficiente para empacharnos de Andrés.


Besos a todos y GRACIAS por acompañarme en este viaje.

=)

lunes, diciembre 04, 2006

La huida

Se van los autos hacia ese vacío.
Se van unos tras otros en un sendero de hilo, un sendero que de un momento a otro se torna en un torbellino de colores, un torbellino tan frágil. Estamos en ese hilo, vamos como conducidos por la inercia. Ya no sabemos bien adónde somos conducidos. Tan solo se sigue.

Las paradas son como comprimidos de tiempo que de pronto se ensanchan ante nosotros. Y es paz unos minutos antes de volver al abismo de la velocidad.



Intento descifrar de qué escapamos, si es que acaso lo hacemos. Adonde vamos no es un destino, no es un camino. ¿Hay un final? ¿un punto de conclusión? ¿Un punto de regreso?
Realmente ya no me importa tanto este viaje externo. Las valijas se revuelven en el baúl del auto, agotadas de moverse de un lado al otro. Mis piernas ya no sienten más ganas de caminar, mis mañanas extrañan la luz dorada que se filtra por la ventana de mi cuarto. Pero mi mente no cesa un minuto. Su camino es extenso y agotador.

A medida que nos internamos más en los caminos, pareciera que nos internamos más en nosotros mismos.
Dante tiene esa misma impresión, aunque quisiera que yo no piense tanto porque lo contagio, lo hago pensar a él. Y él, que encima tiene pensamiento nostálgico, propenso a lagrimear por penas ajenas, se acerca a mis razonamientos hasta llegar al punto de compartirlos.

- Irse no es una angustia si se sabe que se va a volver. Siempre hay un regreso, aunque sea sólo metafórico o en la distancia. Uno no abandona todo así de fácil.
- ¿Entonces por qué escapamos? ¿Por qué no podemos regresar a eso que éramos? ¿por qué ya nada es lo mismo y el camino de vuelta no resulta placentero por más que estemos cansados de tanta movilidad?
- Es que no se puede volver a ser lo mismo. Constantemente nos estamos yendo, es un abandono diario, vamos dejando tirados pedazos de nosotros, y a veces esos pedazos alguien los guarda, o se funden con la tierra o quizás retornas a diario, pero volvés a irte otra vez.
- Pareciera que huimos, ya te lo digo. Pero no creo que eso sea realmente el motivo.
- En sí, de algo estas huyendo. Yo también estoy huyendo. Somos dos cobardes, pero cuando la realidad nos comprime la cabeza, huimos. No del mundo, de eso jamás se puede huir, porque ya se estuvo aquí: una vez tocado el suelo las huellas quedan. Huimos de nosotros mismos, de nuestra propia voz, de nuestras propias huellas, las que nos vamos haciendo en el alma para seguir.
- Huir es el exilio, es un beneficio con un plus de sacrificio, es un salvarte la vida metafóricamente a cambio de abandonarla en una tierra lejana en la que se siembran recuerdos, ya no más vivencias. Y eso es lo que verdaderamente duele, la verdadera angustia. ¿Como podemos estar buscando aquello que tantos padecen?
- Es distinto. Pero todos se exilian alguna vez, de alguna forma. Nosotros estamos eligiendo un exilio momentáneo, un escape a la rutina, un escape a la mente. No por ello muere nuestra vida.
- Pero algo cambia, rotundamente, algo en vos y en mi ya es distinto, aunque no quieras.


Dante asiente con la mirada perdida en el pasto gris que crece entre las piedras. Da el sorbo final a su mate y me lo devuelve sin responder mas nada.

Me mira a los ojos, ya sin miedo, ya conociendo mi forma de mirarlo:
- No pienses más, viajera, no pienses más. Hay un mundo ahí afuera que te espera. Cada paso es una nueva batalla, incluso en la huida. Cada batalla, ganada o perdida tiene su logro. Y vos no hagas mas que disfrutarlas, nena, que el tiempo no nos sobra y ya casi llegamos…. ¿Adonde? Pues a nosotros mismos.- Y sonríe hermosamente, una vez mas para mí.

. Volveré a los sitios donde nunca he estado
como vuelvo siempre al punto de partida
vendo corazones de segunda mano
y unas zapatillas para huir se prisa .
Q.G.

jueves, noviembre 30, 2006

Verte

"Pasa la vida y al amanecer
pasa la vida sin prestarnos atención
Aquellos días casi no me lo podía creer,
todo sucedía veloz"

¿O estarás delante de mis ojos?

¿O estarás conduciéndome imperceptiblemente hacia vos?

Te miro y no te veo. Es decir, veo tu rostro, tus lentes extravagantes, tu concentración en la ruta, tu lejanía. Pero tus pensamientos no se ven en tu rostro, no se reflejan.
Me río de mí misma porque intento descifrarte. Río para adentro, no sea cosa que me escuches, y me pregunto cuánto de mí llevarás adentro.
¿Cuánto de vos llevo yo?
Eso es algo que se verá con el tiempo; aunque puede que nunca lo veamos y allí esté la magia. Lo más gracioso de todo esto es que vos nunca sabrás nada.
Y sonreís ingenuamente sin darte cuenta lo mucho que te miro.



"Pasa la vida entre nosotros dos
pasa la vida para verte sonreír..."
Quique González

sábado, noviembre 25, 2006

Viajando sin caminos


“Si al final siempre el tiempo se va cuando caen los días
Si al final abrazarse al dolor no nos deja brillar”


Se me caen las estrellas encima. Como un mapa dibujado y pegado en una tersura negra.
¡Pero se me cae!¡Mirá cómo parecen flotar las estrellas! Parece que llovieran sobre el bosque que crece allá a lo lejos y que llega hasta esta colina.
Ahora me dibujan garabatos, bailotean con fulgor aunque cierre los ojos y describen todas esas cosas que no sé decir. Describen todos lo sueños imposibles para que los crea posibles. Me enseñan a mirar.
Mientras, intento con toda la fuerza de mis manos detener esa caída, o más bien, con el corazón dispuesto a aplastarse, permito que el cielo avance impertérrito sobre todas mis habitaciones. Me aplasta y luego se esconde en ellas, las abre, las ventila, las mezcla, intenta volverlas a ordenar.
Pero esta noche ya es muy clara para mí.
Abandoné por mis sueños.
Todo lo que abandoné lo hice por no perder lo que aún era invicto en mí.
Y hay algo más que abandoné: son todas las batallas perdidas.
Ellas ya no me explican, ya no me significan, ya no son yo. Y no les tengo más lástima. No gasto más mi voz ni mis ideas ni mis lágrimas en destinos enfermizos.
Busco posibilidades desde mí, hoy. ¿Cuántos caminos se abren ante mí?
¿Cuántas posibilidades de volver a nacer en miles de vidas nuevas?

Aquí, estando tan lejos de todo, escondida entre las mil caras de la montaña, es que yo puedo estar tan cerca de mí misma, de mis planes no trazados, de mis caminos por descubrir y por dejar descubrir.
¿Cómo no me había visto yo antes?
Estas estrellas magníficas son ahora mi luz, la que me enseña a verme mejor.


“El azar nos permite cambiar
nuestro incierto destino
el temor q nos puede vencer
sin mirar más allá.
Yo creo q al final
nunca sé donde voy
pero sigo un camino.

Algo ocurrirá tengo la sensación,
una carta marcada,
un buen signo del sol”
Nada es para siempre.Fabiana Cantilo

sábado, noviembre 18, 2006

“Tú solías dibujar mansiones
sobre la colina en la autopista”
Quique González



Dante enciende un cigarrillo.
- Te dije que no me gusta que fumes
- Mmghn – dice que con una mueca de enojo y el cigarrillo aún en la boca
- Lo más ridículo es que me gusta verte fumar, la imagen tiene un algo estético que hace bello al hecho, una moda quizás, pero a la vez me desagrada el olor y nuestros pulmones, pobrecitos, se ennegrecen.
- No me vengas otra vez con esa historia, quedáte con la imagen que es lo que te gusta. Yo, mientras, desarrollo la parsimonia de fumarlo mirando mis meditaciones del futuro por la ventanilla.
- Entretenete con el paisaje; no pensaba pedirte que me convides con la muerte. Sólo quiero mirar esos minutos de vida en que te ponés color ceniza.
Dante sonríe enormemente y da otra pitada, cuyo humo se escapa por la ventanilla entreabierta.

martes, noviembre 14, 2006

Sonando en nuestro viaje...


Anteojos negros de carey
aurículares en la sien
no me escucha, no me ve
y yo puedo observar tranquilo
la playa como un ajedrez
el tipo del Mercedes Benz
que está tirado ahí nomás
tiene una sola cosa en mente
solo una chica tonta más bajo el sol
como una propaganda de bronceador.

El sabe como impresionar,
caminando como Tarzán
él es Eva y ella Adán
y yo estoy en cualquier planeta,
presiento que algo va a pasar
las plumas del pavo real
oscurecen hasta el sol
y él se siente rey de la selva.
Ellos están con la máquina de mirar
justo en el paraíso para filmar.

Yo puedo compaginar
la inocencia con la piel
yo puedo compaginar.
Yo nací para mirar
lo que pocos quieren ver
yo nací para mirar.
Mira.

Ahora él le ofrece una manzana
ahora le insiste de probar
ahora estimula sus membranas por la hot line
en escenarios solitarios
la gente se habla un poco más
y hasta dos pobres millonarios
se pueden encontrar.
Cayeron los auriculares
y los anteojos de carey
la luna baja los telones
es de noche otra vez.



Cinema Verité . Seru Girán

jueves, noviembre 09, 2006

Viaje al reino del revés


"El mundo gira en un sentido absurdo mientras yo te espero"
Quique González


"Some things in this world
just they don't make sense"
Matchbox Twenty
(Algunas cosas en este mundo
sencillamente no tienen sentido)

"El mundo que gira al revés pretende
sumergirme en él ahogando mis ideas"
La Ley


Hay un cíclope que es el mundo, que tiene un ojo que encierra mil ojos y esos mil ojos nos miran, nos crean y dibujan. Ojo inquisidor que no se cierra nunca a dormir, porque cuando cierra sus párpados lo hace de un lado de la tierra mientras que del otro lado los abre.
Y nuestros ojos, que solo se encierran a ellos mismos, tienen que aprender a ver de a dos, de a uno o de a ninguno, pero igual se ve, igual se mira e igual se observa este mundo difícil de redondear. Difícil de redondear porque es más fácil plano, cuadrado, piramidal, 3D, 4D si quieren también, pero no redondo, imposible redondo. Dicen que el círculo es lo perfecto, es cerrado. Cuando algo te salió bien: te salió redondo. ¿Será por esto que la tierra no es redonda sino casi ovalada, casi aplastada?


¿Y aplastada por qué? Por una mano gigante, que es una mano del hombre.
Con una mano la sostiene a fin de subsistir, a fin de perpetrar su especie, a fin de (con)vivir armónicamente en algo que jamás fue armónico y que no lo fue por propia naturaleza desde el principio, lidiando con su propia virtud pensante para que no se convierta en defecto, para que no se convierta en la otra mano aplastante que juega y destruye hasta su propia creencia, sus propias casas y mentes, cortando sus propias alas, gastando la vida de éste nuestro único mundo.
Y ambas manos no son más que la extensión y acción de una misma cosa, esa virtud que antes decía, la que nos hace distintos, la que nos hace razonables seres irracionales, con una mente tan verdadera como falsa, con unos sentimientos tan comprobables como imaginarios, con una cordura y una lucidez capaz de llevarnos a la locura.
Somos seres especiales: somos uno mismo y cientos de nosotros, somos yo y mi enemigo, yo y mi víctima, yo y mis yoes posibles dentro de mi vasto imaginario real. Somos subjetividad y sus derivados, somos todas las ciencias que nos definen, somos todos los sentimientos que sentimos, todo aquello que vemos y pensamos es lo que somos. Somos seres que nos autoconstruimos.

¿Qué nos llevará entonces a destruirnos? Seremos nosotros contra nosotros mismos, serán nuestras ciencias e invenciones; es siempre nuestra elaborada mente que queriendo simplificar las cosas las enreda aún más.


Hay una cuarta dimensión que nuestra mente es incapaz de procesar, y es el tiempo, esa maldita fracción que jamás pudimos dominar. Somos capaces de durar en los archivos y memorias si alguien -basta solo con alguien- nos desea recordar. Pero de todas formas sosmos un paso, unos solo entre millones idénticos; un paso, un segundo, una vida que intentamos vivir cada día y no podemos, porque el tiempo nos mira desde ése, el cuarto ojo. Pero si sólo fuera mirar, ya está, no hay problema. El tiempo es asesino, con esa mirada te consume y te fulmina, y uno aletea como un pececito fuera del mar, luchando por no ahogarse con la presión del aire de invierno, pero el tiempo siempre nos lleva... El tiempo nunca se cansa de hacer girar a la tierra, no se cansa de jugar con ella como si fuera un trompo, hasta darnos ganas de vomitar por la increíble velocidad que toma. Y pensar que a mucha gente esos juegos le divierten.


Yo vivo en este mundo loco loco, y estoy mirando esta playa que es un grano de arena en el espacio y un segundo de vida en el incansable tiempo. ¿No se cansa porque es eterno, sólo eterno para él mismo?. De nuevo el tiempo en mi mente: es eterno sólo para él, es egoísta y quiere ver morir a todos antes de ser él quien sea vencido, antes de ser él quien se ponga viejo y quejumbroso, antes de ser él quien esté llegando al fin.
Él nos da la vida, pero vivimos sin tiempo para vivir.


Agotada de pensar desde hace tanto en el tiempo, me vacío de ideas solo por un momento y me quedo mirando ese mar infinito, queriendo creer que porque lo alejo de mi mente estoy fuera de ese mundo.
Pero sigo aquí, sin poder bajarme jamás, ya no porque no pueda, ya no porque no quiera.
Tengo éste mundo, habiendo tantos posibles.
Lo tengo en mis manos: puedo crearlo o aplastarlo.
Tengo mi mente a su disposición y un tiempo que me dice: No serás eterna.

Algunas lágrimas me ensucian la cara por incomprensión, o quizás por demasiada comprensión.
Y aunque el mundo siga estando loco, tan loco, yo lo sigo desde cada uno de sus millones de ojos, intento verlo, ver bien a los ojos a ese cíclope en el que vivo,
a ese cíclope-amor-odio.

sábado, noviembre 04, 2006

El viaje se moja de tristeza

"Lejos, lejos de casa
no tengo nadie que me acompañe a ver la mañana"

Eiti Leda. Serú Girán




Salí a caminar por la costa, salí a debatirme entre corrientes de viento helado, tormentas de arena y preguntas existenciales. Salí sola, de vez en cuando la mente quiere mojarse los pies, y dejarse llevar por una playa vacía, aunque esto último no siempre suceda. Sin embargo es primavera, y a nadie le importa una playa en primavera, no tiene flores, no tiene bikinis; una playa en primavera es paz, es llenarse las zapatillas de arena teniendo en simple propósito de tocar el tan deseado mar.
Esta tarde nadie quiere playa. Sólo yo que ando con ganas de entristecerme…


Y tengo una tristeza chicle, que se estira y se estira a lo largo de los días aunque sea ínfima demostración de cada día.
Es una tristeza sin lágrimas, quizás la ya tradicional melancolía en mí. Pero es ya tan etérea y abstracta… No tiene un objeto concreto...
A decir verdad, tiene muchos.
Bueno, si vamos a ser meticulosos, todos esos muchos objetos aluden a mí.
Claro, pero son tantos que ninguno se lleva el premio de “el más triste y melancólico del período”.
Y son períodos porque ya no cuenta el tiempo por años. Ellos se fraccionan en medidas diferentes que no siguen un patrón. No hay 30, 31, 30, etc.
Hay 4 meses y dos días, hay vacaciones felices, hay crisis existencial, hay este viaje y esta tristeza que ya no sé desde cuando comienza ni hasta donde se estira.
Sólo sé que me acecha cada día. Espera que yo me distraiga al caminar, que ponga los auriculares en mi oído para sorprenderme con una canción que hasta entonces no había entendido y que se haga tan mía.
Desde ese acecho diario que ella tiene y que yo preveo, soy también un poco cómplice. La dejo acercarse lo suficiente hasta que se me eche encima; le voy dejando pistas para que me encuentre y me acorrale.

En este punto ya no puedo seguir hablando de ella, porque me tiene totalmente dominada. Me enredo en el viento y en mis pensamientos. Cualquier palabra que diga desde ahora no tendrá un ápice de humor, ni una sonrisa inocente, ni planes malvados. Cualquier palabra que diga desde ahora será una “exorcización” pura de esta tristeza.

Y no sabrá transmitirles otra cosa que este gesto abandonado que se viene dibujando hace tiempo en mi cara y que pinta de gris todas las olas.
Ya no espero dominarla, soy yo quien se deja,
quien se quiere dejar dominar.

"Que triste, triste, triste estás, niñita en tu jardin"
A medio paso de tu amor.Fito Páez

martes, octubre 31, 2006

El viaje y el mar

"Soy veraneante accidental
en la ciudad del viento
(...)
En todos los lugares te encuentro
en todos los lugares me siento un habitante más
en la ciudad del viento."
La ciudad del viento - Quique González




Se hacía de noche; había una ciudad impaciente frente a nuestra llegada. Las luces en las calles se encendían húmedas; la lluvia suave empapaba las piedras y la arena. Llegamos por fin a la ansiada ciudad del viento.

- Qué lástima que nos hayamos demorado tanto en aquella estación de servicio… Quería ir a la playa hoy…- pensé en voz alta, como comentario al pasar mientras ordenaba las valijas en mi habitación.
- ¡Aún estamos a tiempo! – me dice Dante entrando al cuarto con una manzana a medio comer.
Mi expresión atónita se elevó por encima de la valija: “¡¿A esta hora?!”
- ¡Sí!- dijo entusiasmadísimo masticando un bocado- ¿Qué tiene de malo esta hora?
- Que… es como un poco tarde?- dije como si fuera una obviedad
- ¿No me dijiste que era un viaje sin tiempo y sin espacio? Bueno, esas reglas sí quiero respetarlas. Entonces, ¿Venís conmigo a la playa, si o no?


Abrigados como osos salimos caminando por las calles heladas bañadas en mar de primavera, ese mar frío, imposible, que se enciende lejano al rozarlo la luna. El viento giraba en la curva que hacía la playa, giraba en un veloz remolino de papeles, hojas y gotas de lluvia que habían quedado desperdigadas por allí tras la lluvia de la tarde.
Los pies se nos hundían en la arena mojada pero el mar era un imán que hubiera podido arrastrarnos a él a pesar de la fuerza con la que el viento nos empujaba.
El mar era un imán, otro de los tantos imanes que nos pegan a esta tierra.
El mar era un imán de nuestra mirada, la hacía hipnotizarse en sus olas;
era un imán de todos los ruidos y olores que allí existían para nosotros.
El mar era un imán de nuestros pasos, que hacía tanto tiempo deseaban jugar con él.
El mar era un espejo de ilusiones roto en cada ola; el mar era aquello que ya no podíamos nombrar.
Nuestras bocas llenas de salitre y nuestro silencio estallante en la cresta de cada ola…

Esa noche podría haber sido eterna. Esa noche deseamos por primera vez que nunca saliera el sol
.


"Llévame a ver salir el sol
desde todos los portales de la luna
llévame al puerto y al malecón
cuando el cielo se nos llene de gaviotas"
Rompeolas . Quique González

sábado, octubre 28, 2006

El viaje y mi papá

“¡Hoy es su cumpleaños!” Recordé sorprendida ante el pequeño descuido de mi memoria. Y atrás de esa frase vinieron muchísimos recuerdos y pensamientos al respecto. ¿Qué era aquello que más me marcaba de todo aquello que me ha enseñado? Además de darme mi rostro, la humildad y la bondad, el amor al rock desde la cuna, él me enseñó algo que me marca de una forma especial, algo que hace que yo esté hoy acá.

Y es el amor a los viajes, el placer de estar en la ruta, dejando que el paisaje se suceda veloz y la música, sonando a su velocidad, convirtiendo todo en un espacio sin tiempo, en una introspección reflejada en las nubes, en los campos, en el vuelo de los pájaros allá tan lejos…

Y que llegar a destino no sea el fin de la aventura, sino un comienzo, un alzar la vista con los pies en la tierra firme para detener la mirada en un océano infinito o en la montaña que se alza orgullosa creyendo que me cansaré antes de alcanzar siquiera sus tobillos. No saben, no saben que llevo conmigo las ansias de viajar sin miedos ni apuros. No lo saben, porque todo esto es algo que me enseñó mi papá casi sin quererlo, algo que me enseñó con su entusiasmo, con su acción, con su determinación por salir antes que el sol para que podamos disfrutar esa tranquilidad matinal de la ruta.

Yo le agradezco tanto esta enseñanza suya. Siento, gracias a su impulso, que yo podré viajar por todo el mundo. Tales son sus ansias, tales son mis sueños.

Gracias papá. Te adoro.


jueves, octubre 26, 2006

El viaje. Día 5.


Intento comunicarme con vos pero todas las puertas parecen cerradas. Suena el teléfono y suena sin descanso intentando parar. Del otro lado no hay nadie.
Y yo espero ansiosa la pausa que precede a tu voz.
Pero del otro lado nadie escucha.
La falla comunicativa se hace evidente.
Me canso de esperar y corto.

Pero nunca me canso de esperar, realmente. Todo en esta vida se hace espera.
Así que vuelvo a llamarte para escuchar un rato más tu silencio, tu pausa.

Nunca me cansé de esperarte, incluso conociendo nuestra falta de comunicación.

lunes, octubre 23, 2006

El viaje. Día 3

"Busco el lugar exacto a donde ir
forrado todo con hierba
un escenario, más lejos de aquí
para cantarte más cerca "
Quique González . No te arrepientas


Al presentarles mi diario de viaje debo aclarar que no llevamos ningún apuro. Las tensiones de la vida real son desmedidas y estamos eligiendo desenchufarnos de ellas y por esto caemos en un vacío de tiempo. Mientras nosotros recorremos con calma cada momento de nuestros días, la gente en la ciudad debe estar corriendo atrás de un reloj. Nosotros decidimos olvidar los nuestros en casa, con el fin de disfrutar sin prisa cada kilómetro recorrido, cada banal suspiro, cada canción que suene al compás del motor, cada vez que paramos al costado del camino con tal de estirar las piernas y respirar se convierte en una nueva aventura.
Por esto, un viaje que normalmente, es decir, en una circularidad del tiempo acostumbrada a lo inmediato, podría hacerse en pocas horas, a nosotros nos toma casi más de un día.

Hoy por la mañana Atalaya no tuvo mucho espacio para nosotros. Rebosaba, como siempre, de viajantes temporarios y de medialunas calientes, pero a ninguno de los dos se nos atojaba aún rodearnos del bullicio propio de un parador tan popular. Entonces compramos nuestra merecida docena y recorrimos algunos km hasta encontrar el oasis ideal: un montón de arbolitos protectores al costado de la ruta. Allí paramos y disfrutamos del mate con medialunas, que más ricas no podían estar, y luego nos dimos un rato para relajarnos con el paisaje y leer.

Las letras se dibujaban sobre un temprano atardecer y decidimos que nuestro recreo se nos había excedido. Retomamos el camino hasta llegar a algún pueblo u hostería capaz de recibirnos, a nosotros, a los viajantes sin tiempo.



sábado, octubre 21, 2006

El viaje. Día 1.



Zarpamos esta mañana fría hacia lo desconocido. En palabras simples, comenzamos un viaje.
Creo que ya no falta nada: el baúl y el asiento trasero del auto están repletos de bolsos y cosas varias. Algo más y el auto se negará a semejante hazaña. Bueh, tampoco es que sea gran cosa ni que seamos los primeros en descubrir América. Los autonautas de la cosmopista hicieron lo suyo dos décadas atrás. No me importa si me dicen que esto es copia. Yo hago mi viaje porque hace tiempo lo necesito. El estrés de la ciudad es altamente perjudicial para la salud y yo ya me lo estaba tomando en grandes dosis. Un poco de estrés rural, de aire con olor a tierra o a nafta, un tiempo fuera de casa no me viene nada mal.

Enciendo el motor y éste empieza a ronronear alegre; ya, ya, se mueve como loco, quiere salir, quiere devorar kilómetros y kilómetros, quiere conocer caminos nuevos. Y yo, entusiasmada con su alegría, hago las maniobras y nos encaminamos hacia la salida de la autopista.
Un eje, un escape; la mañana es clara y hace frío, como todas las mañanas.
Sólo que ésta mañana, es distinta.