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jueves, enero 19, 2012

temporal

                                          y el tiempo, maldita daga, lamiéndonos los pies
                                                                                              Fito Páez-

Que el tiempo no me sea una daga
sino un leve, lento deshojar
que mi cuerpo envejezca
pero que mi mente, no por ello, pierda la valentía
la osadía, la sensualidad
de rehusar al óxido, los manuales y los cánones
rehusar la búsqueda estética para
vivir en el esteticismo
de una vida que ya cuenta
con excesiva belleza
allí donde no se la señala.

Que los años no sean calendarios de tiempos mejores
ni la mirada, un abismo a lo perdido
que no me detenga el cansancio
Ni el miedo a lo impronunciable
¡que el tiempo no me venza
en esa sangría cotidiana del amanecer!
¡que no me destruya la mirada
plagada de posibles!
¡que no corrompa mi inocencia
con su hedor de numerología!
Que sea

Un sol sangrante, que sea
una moneda gastada, un libro con polvo, amarillo
una huella del paso de los otros
una huella del paso propio, pequeño y animado
la huella de un animalito que corre por el bosque
huyendo de la vista, dando la posibilidad de imaginar;
que sea una carta, un diario sin terminar
un mueble habitado por polillas, un café frío por la mitad,
una conversación a medianoche, un ciclo vital
un ciclo lunar, un ciclo que vuelve y se va para volver
un ciclo que no vuelve porque llega a su punto.
un punto donde comenzar de nuevo,
la fotografía del instante en que se gana la carrera.
Un instante, innombrable, imposible de medir

Que el tiempo sea sólo
Otra metáfora.

lunes, septiembre 20, 2010

Declaración robusta e insensata hacia un pobre vendedor de libros

Te acercás a mí porque me ves escribiendo
Allí donde solamente debo elegir y comprar
pero en mi libreta anoto una pregunta
que prefiero hacerte ya:

¿Qué ves en estos estantes pulidos y ordenados?
¿Ves lo que yo veo?

Lirones dormidos con fotografías de señores decentes con títulos como
“Borges”, “Alejandra”, “Whitman”,
y hasta Bukowsky parece decente; como si detrás no hubieran tenido
una persona, como vos o yo,
con una vida, un deseo y una vergüenza,
un empleo denigrante, un amor, una desolación.
¿los ves o tan solo hay lirones dormidos,
hojas pegadas, con manchas de tinta negra?

Estoy escribiendo, tan sólo eso.
No infringiendo inquebrantables y falsas barreras de derecho de autor
ni manoteando títulos, ni revisando historiales, no.

Me estoy preguntado si vos,
pequeño vendedor de librerías de moda,
tenés idea de la cantidad de balas que hay ocultas en esos libros
que al abrirlos me agujerearán el corazón y
me dejarán partir con el pecho sangrante
la sonrisa pegada al rostro
los bolsillos y las manos igualmente vacíos
y una postal de tu rostro atónito y huidizo
sin poder comprender si estoy loca o si te nombré un mundo.

jueves, marzo 19, 2009

mirando al cielo

Sol
que brota entre los tallos y las calles,
inundando las nubes espesas,
desnudando almas enhiestas.
Un alma mira la naciente de ese sol.

Corre
entre los pensamientos y las voces
como si pudiera evitarlos, esquivarlos, borrarlos.
Ese alma inquieta corre.

[y por si fuera poco
Grita,
con los nombres de ancestros y cuerpos secos.
Mira al cielo y grita.

Sube
la voz entre las gotas y los rayos, sube.
Y luego, más allá de todo,
sube.

Hasta el sol,
como un ave humana, como un aire enrarecido;
sube al sol y al tiempo,
y aún más allá sube
hasta...

Muda,
la voz que gritaba ahora es
muda.